Crónicas Urgentes
Por Lenin Torres Antonio
29 de junio de 2017
A propósito de la decadencia de los Partidos Políticos

“Yunes juega [al viejo Oeste]; Veracruz es un Estado fallido. Lamenta PRI. El líder estatal del tricolor, Renato Alarcón, afirmó que las recompensas sólo han aumentado la violencia”, “Yunes Linares es incapaz de detener al crimen organizado, pues él es parte del problema. Permitió amenazas y agresiones contra candidatos de MORENA en el reciente proceso electoral: Cuitlahuac García”, hoy al husmear información del día me topé con éstas “sensacionales y profundas notas periodísticas” haciendo referencia al grave problema de violencia que padece no tan sólo el Estado sino la sociedad veracruzana entera, y lo primero que me pregunté en qué abona esas “inteligentes y profundas notas periodísticas” al problema de la espiral de violencia que padece nuestro Estado, qué refleja esas notas periodísticas, y qué papel desempeñan los medios de comunicación al publicar estás “notas amarilentas” sobre el problema grave de violencia no tan sólo organizada sino también no organizada. Y todo desde la perspectiva que el problema de la violencia es un problema multifactorial y el resultado de un proceso paulatino de deterioro de la capacidad del Estado para mantenerse como el único facultado de ejercer la violencia para imponer el respecto a la ley; y también desde la perspectiva de la crisis y lo obsoleto del sistema de partidos en México, por eso viene muy ad hoc un artículo que publiqué hace un tiempo titulado “Partidos políticos como  antípodas de lo público”, del cual creo pertinente trascribir algunos párrafos:

Pensando que los Partidos Políticos tienen la “función de expresar los distintos intereses de la voluntad colectiva, traduciéndolos como instrumentos de demandas al Estado, llegando incluso a presentar sus soluciones, si se quiere ser consecuente con la esencia del Acto de Gobernar, (Gobernar Obedeciendo), asumir el compromiso de apoyar y participar en la ejecución de las decisiones tomadas por los gobernantes, para hacer frente, con las políticas públicas, a la solución de los problemas planteados por los mismos partidos políticos y el Estado”, y que vemos en esas declaraciones ligeras y pusilánimes, todo lo contrario, un reflejo incontrolado de búsqueda del poder. Los Partidos Políticos han sido asaltados por bandas de delincuentes organizados de cuello blanco, y en su afán de conseguir el poder no dudan en convertir temas delicados que merecen pronunciamientos solidarios como debe hacer un estadista o político responsable en simple actos de ataques mediáticos, que contraste cuando vemos cómo por ejemplo en Europa, problemas graves como son el terrorismos y la violencia a la naturaleza son temas que jamás pueden tratarse partidistamente, y al contrario, los Partidos Políticos se solidarizan con el Estado para hacer Un Frente Común para enfrentarlo. Pero tampoco podemos esperar mucho de nuestros mediocre Partidos Políticos cuando sabemos cómo se han forman esos liderazgos en medio de complicidades y bajo el auspicio de bandas de ignorantes que asumen el control de los mismos, los Partidos son la plataforma para delinquir, y que lo que les importa es simple y llanamente “el poder por el poder”.

Por eso hay que entenderlo “en todo procedimiento gubernativo, los partidos políticos son los citados a desempeñar funciones prioritarias para la gobernabilidad, la aspiración de la real democracia –su tránsito de lo simple electoral a la ciudadanización-, la preservación de las instituciones y fundamentalmente, la procuración del bien al pueblo”, esto último está ausente en esas declaraciones: “el bien del pueblo”, me pregunto en qué cabezas caben tratar de construir “argumentos” para hacer del problema de la violencia que padece Veracruz un asunto partidista y de descalificaciones. Es inadmisible jugar con las vidas humanas y con la tranquilidad de los veracruzanos. Por eso coincido con Julio Álvarez Sabogal en su artículo Crisis de los partidos políticos en América Latina, como: Los partidos políticos tienen asignadas funciones esenciales para la democracia, y para el sistema político en general, y las están desempeñando muy precariamente, perdiendo credibilidad y legitimidad y poniendo, al mismo tiempo, en graves dificultades a la democracia y a todo el sistema político. Lo peor no es, con todo lo grave que significa, que desempeñen estas funciones tan esenciales de formas precarias, sino que parecen no entender lo importante que son, precisamente, por las funciones que deben desempeñar, es así como los partidos políticos se han vuelto expresiones de lo privado en lugar de lo público, expresiones de intereses de grupos que no dudan en delinquir con tal de mantenerse o hacerse con el erario público, porque hay que decirlo, lo que buscan no son los ideales de defender los intereses de las mayorías, ni el bien del pueblo, ni la certeza de futuro de las nuevas generaciones, sino las “finanzas del erario público” para continuar enfermándose de poder y de ego, para continuar actuando como si nada pasara. Si pasa y lo que pasa es grave, y requiere un llamado de atención a la clase política, tiene que darse un alto a esa vorágine de luchas intestinas, se tiene que convocar a todos a hacer un Frente Común en favor de la Paz y la Tranquilidad, en favor del Progreso y el Bienestar de todos los veracruzanos, y demostrar que capaces de dejar a un lado sus intereses mezquinos, sus vendettas, su escarnios, sus contradicciones y diferencias, y demostrar que hay Gobernantes estatales y municipales, que hay poder legislativo, que hay poder judicial, que hay partidos políticos responsables, que hay Políticos éticos e inteligentes, que hay sociedad civil realmente civil, que hay académicos conscientes, que hay Iglesia humanizada. Para eso hay que hacerles distinguir los problemas comunes y prioritarios de los programáticos gubernativos que si pueden entrar en debate partidista, pero el problema de la violencia y la pobreza jamás, éstos requieren el concurso de TODOS.

No hay que negar la evidente crisis del Sistema de Partidos Políticos, dado que ésta  cuestiona no tan sólo los principios electorales, la naturaleza del sistema representativo y casi todas las formas de participación ciudadana, sino a la misma democracia. Por lo tanto no sólo desde la teoría política, la filosofía, sino desde los mismos Partidos -si eso es posible-, estamos en cierta medida obligados a preguntarnos acerca del origen de esa crisis y su solución, ¿quizás sea necesario suscribir un nuevo pacto social que permita la corresponsabilidad de nuestros espacios públicos?, ¿quizás simplemente necesitamos educarnos en lo público? Quiero pensar que es posible recuperar la confianza y la efectividad de los partidos políticos. Pero para ello hay que renovar la decadente clase político, hacer democracia auténtica al interior de los mismos partidos políticos, y hay que barajar mecanismos donde la participación ciudadana sea garante de esa ética con que debe conducirse los Partidos Políticos.