Lenin Torres Antonio

  • A propósito del fin del mito y de la exclusividad racional. Fin del dualismo romántico Mente-Cuerpo, el imperio del Gen.

Muchas letras he escrito sobre “la injusticia”, “la democracia verdadera”, “la justicia social”, “la rebelión de los caídos”, pensando que se puede construir un mundo de iguales, sin hambre ni pobreza, he apelado al marxismo, he argumentado que sólo es cuestión de recuperar “la palabra plena”, o darnos cuenta que estamos subordinados “al hechizo del lenguaje”, por lo que siempre viene bien, salir un poco de “la gramática”, y volver para construir nuevos conceptos, nuevas “letras”; he pensando que el espíritu está encerrado en un cuerpo, y que éste es una simple capsula, un nicho. He criticado la dialéctica “criminal” de rico-pobre, esclavo-amo, verdadero-falso; pensando que se debe dar la superación, la consolidación, o desaparecer la disyuntiva, procurando quedarnos con un mundo monosílabo, unívoco.
Que la forma de que se intenta recuperar el sentido y la coherencia al desquebrajamiento de la unidad indivisible mente-cuerpo, y la fragmentación de la unidad significante del “yo pienso”, y contrarrestar al imperio de la violencia y la irracionalidad de nuestros tiempos, que ha sumido en penumbra el sentido placentero ilustrado de la vida humana, ha sido apelar a la decencia del espíritu, a la confesión y a dejar de caer en contradicciones visibles, y construir dos mundos, uno aparente y el otro real, un metalenguaje y un lenguaje, tratando desde ahí construir la vida humana, pensando que no está por demás apelar al “logo racional” socrático, y hacer “consciente lo inconsciente”, o por lo menos, apelar a un superhombre que sepulte a “los ídolos con pies de barro”, y siempre está de “tela de fondo” la idea y la inteligencia malograda de creer que el mundo humano es diferente al biológico, pese al fracaso del experimento social del orden democrático, y de la comunidad ideal de la vida social, los culpables aquellos quienes refuerzan la primacía de la racionalidad y la omnipotencia del mundo espiritual. Quienes han insistido en sepultar a los defensores de la auténtica teoría Biológico-Genetista de la superioridad entre los hombre, que imposibilita los mitos de la igualdad y del Estado democrático, quienes echa al traste la construcción subjetiva de una igualdad entre todos a partir de una fe ciega en la racionalidad.
No hay tal igualdad, hay unos seres superiores biológica y genéticamente, la letra no marca diferencias, es el gen, por lo que el poder es trasmitido genéticamente, no a través de una reiteración de una concientización obsesiva apelando al sentido común (verdad evidente aprendida) y la racionalidad (facultad de discernimiento que caracteriza al hombre), sino simplemente a través de un orden biológico genético. Genética en lugar de Etica, Biología en lugar de Filosofía, Naturaleza en lugar de Humanidad.
Hitler surge desde sus cenizas, y se posiciona como el Verdadero Científico Social, quizás si hubiera ganado nos habríamos ahorrado mucho sufrimiento, y sólo los muertos hubieran sido los del inicio de la Segunda Guerra Mundial, porque han muerto más por la consecución de ese falso “mito democrático y el pensamiento único legitimador”, que por las guerras; con creces seguimos pagando caro el privilegio de sentirnos racionales, desdeñado “el cuerpo” erigimos una falsa naturaleza del hombre, es el gen constructor del orden social y poseedor del poder de dirigir el destino, pese a desembellecerlo con el apocalipsis del “calentamiento global”, “la era del vacío-zombi”, “la pobreza injusta de los desposeídos”, “el mito de la igualdad defendida a ultranza”, “la democracia suspendida en un por-venir. Aun así, éste mundo es el mejor de los mundos posibles.