David Quitano Díaz

Todos los gobiernos mueren por la exageración de su principio
Aristóteles

Las elecciones de 2016 para gobernador, unieron a un cúmulo representativo de ciudadanos, que se expresó en contra de la continuidad de un régimen rebasado por los excesos de un poder que no tenía contra pesos.
La punta del enorme mausoleo se selló con el reportaje relacionado a las empresas fantasmas, mismo que evidenció la forma en que se ejercía un saqueo sin parangón. Tal conducta, fraguó un contundente triunfo de la alianza establecida por la izquierda modera (PRD) y la derecha (PAN), ya que dicho reportaje legitimaba su discurso; al final ya sabemos la historia.
Después de eso, todo se volvió una cacería, altamente justificada bajo la idea del crecimiento exponencial de las riquezas de varios funcionarios, al amparo del erario.
Sin embargo, hoy 6 meses después del inicio de una nueva etapa, los resultados más allá de acciones necesarias -pero mediáticas- muestran que el discurso caducó, porque si bien el grueso de la población exigimos justicia, también es cierto que es la hora de comenzar a tapar hoyos en las carreteras abandonadas, o quitarnos esa idea de que seguirán apareciendo muertos a racimos.
Esto del discurso, siempre me ha llamado la atención, porque éste cumple una vida, y cuando se vuelve reiterativo pierde relevancia marginalmente, así que cuando termine la carnicería se presentará el verdadero calibre de la acción pública.
Desgraciadamente, en cuestiones de planeación esta administración cuenta con un periodo muy corto de gobierno, así que se está evidenciado que le apuesta más al aspecto político que a la gestión pública, sería complicado aseverar qué tanto incidirá este descuido de su compromiso principal en las elecciones de 2018, pero alguna incidencia ha de tener.
Sobre todo, cuando la idea central de un discurso marca tendencia, pero, también cumple una temporalidad. Acaso, vendrá el próximo candidato del partido en el poder diciendo que hay que sacar a estos porque no han realizado ninguna obra, o dirá que hay que darle continuidad por la relevancia de sus acciones; ambas se presentan arriesgadas en épocas de la sociedad de la información.
La política de la nostalgia en Veracruz. A lo largo de la historia también se han suscitado esperanzas exageradas que se vieron inevitablemente frustradas, dejando en aquellos que las tenían todavía más desolados. Esa es la pasta de cohesión que se comienza a mezclar en la entidad, como aquella que hizo ganas a Peña Nieto: estábamos mejor cuando estábamos peor, o que el cambio de principios de siglo no había generado ninguna mejoria para el bienestar de los mexicanos.
Hoy se cocina a baño María, que los relatos de progreso, pasaron al retroceso y los ciclos que dan por sentado un mecanismo se presentan como la inmovilidad histórica. La historiografía apocalíptica nunca pasa de moda. Ello quiere decir que los que en su tiempo señalaron y les funcionó, posteriormente, cuando su discurso se agote, pueden ser señalados, es un ciclo natural de la política. Vean la tendencia del voto a favor de Trump o el Brexit.
Los estándares éticos de la vida pública sin un perfecto cascaron dictaron un sinsentido, eso abre espacio a que la razón populista absorba la oquedad, mostrando que el poder de la democracia no está en ningún lugar, y no absorbe el conocimiento ni trayectoria, que simplemente quiere la sociedad resultados, y el pasado, pasado es.
La caducidad de un discurso, la centralización de la gestión pública y la opacidad en la gerencia de las finanzas públicas, se vuelven un caldo de cultivo que da matices, para un futuro termidor parecido a la caída de Robespierre.
Dice Mark Milla: Hoy, cuando los cuentos infantiles políticos parecen más poderosos que las fuerzas económicas, es difícil compartir su confianza. Somos demasiados conscientes de que los eslóganes revolucionarios de nuestra época comienzan diciendo “erase una vez”…
Porque la sociedad, dice: Ahora hay que pasar de las transmisiones de lo incautado, a la transmisión de lo inaugurado.