Columna “Política al Día”
Por Atticuss Licona

El jueves 18 de diciembre del 2014, el Congreso del Estado de Veracruz aprobó con 45 votos a favor y 5 en contra, la reforma Constitucional que le permite hoy a Miguel Ángel Yunes Linares, tener una proyección nacional. Ese día, diputados priistas, panistas, perredistas, del PANAL y el AVE, votaron a favor de una ocurrencia política de Javier Duarte. En contra solo votaron los diputados Guzmán Avilés y Zairick Morante (hoy, los dos son Secretarios con Yunes), así como Hugo Fernández Bernal, Fidel Robles Guadarrama y Cuauhtémoc Pola.
En junio del 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación ratificó la reforma aprobada por el Congreso Local. El entramado jurídico tuvo validez y todo estaba listo. Habría, por tanto, un Gobernador de dos años.
Los aspirantes Pepe y Héctor Yunes estaban furiosos pues, junto con muchísimos analistas políticos, olían una jugada de Javier Duarte para imponer como candidato a su delfín.
En esos meses, en un desayuno con unos 50 periodistas, Héctor Yunes preguntó:
– ¿Quién está de acuerdo con la gubernatura de 2 años?
Sólo un servidor alzó la mano. Héctor me miró extrañado y molesto preguntó el porqué. Las razones que expuse fueron económicas y políticas.
Dije que al tener elecciones en el 2016 y el 2018, era cierto que los costos y las cargas al ciudadano se incrementarían, pero que después de la elección del 2018, las elecciones del 2024, 2030 y subsecuentes, serían concurrentes con las elecciones nacionales y ahí llegaría el ahorro al considerar un Valor Presente Neto. Por otra parte, la razón política que esgrimí fue que al tener Veracruz una gubernatura desfasada por dos años de la elección Presidencial, en automático los gobernadores veracruzanos habían quedado fuera desde hacía décadas de la oportunidad de competir por Los Pinos.
En honor a la verdad, creo que Héctor me tiró a loco, y más si 49 periodistas a mi alrededor pensaban distinto.
El tiempo, sin embargo, me ha ido dando algo de razón, pues lo mejor que le pudo pasar a Veracruz fue la gubernatura de dos años, y Miguel Ángel Yunes seguramente está de acuerdo. En primera instancia porque las luchas intestinas del PRI hicieron pedazos a ese partido, y ¡Ojo! No solo el hartazgo social llevó a Yunes Linares al poder, sino también la crítica situación de un PRI fracturado y dividido que se enfocó en soñar más en el huesote del 2018 que en ganar el huesito del 2016.
Cuando finalizaba el sexenio de Miguel Alemán muchos veracruzanos pensaban que tenía altura política para luchar por la Presidencial del 2006, pero dos años en la banca es demasiado. Cuando Fidel Herrera terminó (aunque ahora todo mundo hable mal de él), fue la misma historia. Dos años de desempleo político no los aguanta ni Moreno Valle.
Yunes Linares seguramente lo calculó desde que buscó la candidatura del 2016 –cosa que ni Héctor, ni Pepe hicieron-. Sabía que de ganar no perdería reflectores y sabía que una concurrencia electoral en el 2018 le permitiría aspirar a algo más allá de las fronteras jarochas. No es gratuito que al aire con Carlos Loret de Mola haya hecho la reflexión de que México lleva casi 60 años sin un presidente veracruzano.
Hoy Yunes Linares está pensando en el Altiplano. Allá se la pasa la mayor parte del tiempo. Allá amarra y teje. Allá sí le invierte a los medios de comunicación. Tiene exposición nacional porque la ha buscado. Si su gobierno hubiera sido de seis años su circunstancia política sería completamente diferente.
Hoy, Yunes Linares le debe mucho a Javier Duarte aunque no haya sido esa su intención. Si hoy Yunes Linares puede soñar con llegar a Los Pinos, mucho tiene que ver esa reforma Constitucional que el Congreso del Estado autorizó, en ese ya muy lejano jueves 18 de diciembre del 2014.
En política, como en la vida, muchas veces nadie sabe para quién trabaja.
@atticuss1910