La ecuación es ofensiva, insultante para una población de frustradas expectativas, con acentuados retrasos sociales y una desigualdad social rayana en lo insoportable que, sin embargo, mantiene a 50 diputados con dietas, per cápita, cercanas o mayores a los 240 mil pesos, ¿es esto es posible? Sí: Lo permite una clase política insensible e inútil, divorciada de los problemas sociales, compuesta por ciudadanos anónimos ávidos del parasitismo presupuestal; resultado del diseño de una sociedad tercermundista en la que conviven obreros y campesinos pobres con dirigentes sindicales y “agraristas” ricos, pueblo pobre con clase política abusadora del recurso público. Lo paradójico estriba en que es la propia sociedad mexicana la que cultiva ese tipo de clase política.