Dialogando

Por Abel Domínguez Camacho

20 de julio de 2017

 

A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.

Alphonse de Lamartine (1790-1869) Historiador, político y poeta francés.

De acuerdo con Catholic.net portal católico para la evangelización y difusión de información, el antecedente de los cementerios son las catacumbas.

“Las catacumbas hablan de la solidaridad que unía a los hermanos en la fe: las ofrendas de cada uno permitían la sepultura de todos los difuntos, incluso de los más indigentes, que no podían afrontar el gasto de la compra o la preparación de la tumba. Esta caridad colectiva representó una de las características fundamentales de las comunidades cristianas de los primeros siglos y una defensa contra la tentación de volver a las antiguas formas religiosas”

En aquel tiempo también había cementerios al aire libre en Roma, pero los cristianos, por diferentes razones, prefirieron los subterráneos. Ante todo, los cristianos rechazaban la costumbre pagana de la incineración de los cuerpos. Siguiendo el ejemplo de la sepultura de Jesús, preferían la inhumación, por un sentido de respeto hacia el cuerpo destinado un día a la resurrección de los muertos.

El término cementerio tiene mucho que ver con el cristianismo y cuando éste comenzó su expansión, ya que se impuso a la palabra que, hasta aquel momento, se usaba para designar a los emplazamientos donde se realizaban los entierros: necrópolis, palabra de origen griego que significa literalmente ‘ciudad de los muertos’. Ante la creencia cristiana de que la muerte solo es un tránsito y, por tanto, al fallecer lo que se hacía era ‘dormir’ para posteriormente ‘resucitar’ se sustituyó el termino necrópolis por el de cementerio, cuyo significado literal es ‘dormitorio’.

En la actualidad los cementerios siguen conservando su esencia y tradición católica a través de sus diferentes símbolos, para la mayoría de la gente es el espacio donde encontrar la paz y acercamiento con sus seres queridos, para otros representa espacios escalofriantes dominados por leyendas, mismas que son parte de la expresión cultural de los diferentes pueblos del mundo. También es común darles importancia a los cementerios en atención a los personajes representativos de cada sociedad, escritores, poetas, políticos, militares, personajes de barrio…

Con la evolución de la sociedad los cementerios ha ido tomando una connotación de recurso complementario de atracción turística, diferentes sitios en la red o revistas impresas dan cuenta de ello; seguramente que mucha tinta se ha regado en la literatura donde los protagonistas se mueven en torno a un cementerio, antes morir, Umberto Eco escribió El cementerio de Praga, cementerio de los judíos; también caracteriza a los panteones un sinnúmero de leyendas de terror, inventos o situaciones no explicables que se asocian a personajes locales y regionales.

Por espacio solo se mencionará el caso de turismo de terror del  Panteón de San Fernando, CDMX,  es uno de los sitios más representativos en arquitectura y de arte funerario que se conserva; fue en una época el recinto funerario más importante de la ciudad, en donde se enterraron a políticos y militares de la historia de México, como: Benito Juárez y Margarita Maza, junto a cinco de sus 12 hijos. Entre otros personajes sepultados ahí: Vicente Guerrero, Ignacio Zaragoza, Melchor Ocampo y Francisco González Bocanegra.

Este camposanto cuenta con varios relatos, algunos trabajadores describen sus experiencias más escalofriantes, aseguran haber tenido contacto con “los aparecidos”, refieren que en algunas de sus experiencias han llegado a ver sombras que se desvanecen en la oscuridad, han observado presencias extrañas, algunas de las más escalofriantes al caer la noche ya que han notado a personas que deambulan por las tumbas.

Leyendas que a la letra dicen de la presencia de una mujer blanca, de cuerpo robusto, de aproximadamente 40 años, que al momento de ser observada conserva una postura rígida, inmóvil y cuando logra mirársele a la cara, sus ojos comienzan a hundirse al mismo tiempo que de ella proviene un grito desesperado que asustaría a cualquiera. O aquella presencia que refiere a un señor de avanzada edad, que apoyado de su bastón, se encuentra penando por el panteón, ya que se cree que es Don Jacinto (el original es Don Juan) un hombre quien fue a parar a una fosa común, e inquietado por donde terminaron sus restos, vaga en lamento por este camposanto.

Ahora Jacinto es mi amigo y dialoga conmigo casi a diario.

Además de extrañas apariciones, en el panteón de San Fernando se han encontrado artículos que se sospechan fueron utilizados para actos de brujería, y han sorprendido a personas que se han llevado tierra para llevar a cabo sus hechizos.

Ningún camposanto escapa de este tipo de presencias, más-menos escalofriantes, que las autoridades u organizaciones independientes locales, en coordinación, asumen como algo común y explotable turísticamente; en algunos de ellos se realizan representaciones que dan vida a los personajes que allí descansa, si es que descansan. Me fui.