Si, como dicen, en la cárcel de Guatemala Duarte de Ochoa ha recibido un trato bastante hostil, ahora que lo trasladen a uno de los reclusorios de México nada le garantiza una mejor estancia; porque si lo recluyen en uno de alta seguridad el aislamiento afectaría aún más su estado mental, y si es de mediana seguridad la convivencia con los demás reclusos pudiera no asentarle bien, pues suponiéndole rico en recursos económicos la cuota para su tranquilidad se cotizará muy elevada. Y si paga por comodidades como un radio o televisor, todo empeoraría pues no le sentaría bien conocer lo que de su persona se dice, que la condena pública ya dictaminó su culpa y que su imagen en la mente colectiva pesa menos que un gorgojo en cuanto a honorabilidad pues es emblema de la corrupción en México.