Como un sueño de una noche de verano, Duarte de Ochoa y su defensa imaginan poder sortear el delito de desviación de recursos atribuyendo la culpa propia a los operadores directos; pero Shakespeare no solo escribió comedias, también tragedias en las que narra las consecuencias de un ejercicio lúdico del poder en Hamlet y El Rey Lear, tenía conocimiento exacto del efecto nocivo que el poder ocasiona en el hombre y en esta realidad pende sobre Duarte de Ochoa, a más de los delitos que se le imputan, el de lesa humanidad promovido desde una Organización denominada Sociedad Organizada ante la Corte Penal Internacional de La Haya “Por el suministro de medicamentos apócrifos como quimioterapias a niños con cáncer y 70 mil pruebas falsas para la detección del VIH”. Si logran documentar esa acusación ya tendrá Duarte de Ochoa un elemento más para entretenerse en su cautiverio.