Varias decenas de empleados del Congreso del Estado están a punto de perder su empleo, como consecuencia del recorte que realiza la actual administración del órgano legislativo, porque supuestamente no se justifica el mantenimiento de esas plazas debido a que hay exceso de personal.

Ni tantito dudamos que exista esa sobrecontratación de mano de obra en la Legislatura, habida cuenta de que las entidades públicas tienen la característica de ser usadas como fuente de trabajo para muchos recomendados en cada nueva administración.

Dos “asegunes” son visibles en los recortes inminentes. La primera es que no se observa que los despedidos sean aquellos nefastos aviadores que han sido exhibidos como tal en los medios de comunicación, entonces parece que no hay legitimidad en los ceses.

La segunda es que no hay transparencia en las recisiones contractuales. Nunca se dice qué áreas están involucradas, por qué son innecesarios los puestos y cuál será el beneficio de prescindir de esos empleados.

Y mientras la opacidad sea la nota predominante, es seguro que oculta consideraciones personales, negociaciones o simple despido de acomodados por una corriente política para ser sustituidos por la dominante en la actualidad.