Complacientes ante mafias que controlan espectáculos sangrientos, 25 diputados del Congreso de Veracruz aprobaron contra toda razón civilizada las peleas de gallos, las vaquilladas, capea de toros, carreras de caballos y otras actividades que por sí mismas suscitan repugnancia por su salvajismo, pero que en el tiempo actual significan darle escenario al crimen organizado para que se exprese.

El mundo civilizado lucha por crear condiciones para que los animales en general no sean maltratados, como ocurre de manera cruel en el caso de los gallos, cuyo entrenamiento incluye mutilaciones, prisión, amarrados de una pata y combates inconcebiblemente crueles donde se rebanan sus cuerpos con navajas muy afiladas sujetas a sus extremidades.

Aún más preocupante es que esta clase de espectáculos está relacionada con apuestas, venta y uso de drogas y enfrentamientos, debido a que precisamente quienes ejercitan la violencia y el delito como medio de subsistencia son muy aficionados a las características salvajes de sangre que representan estos eventos.

Adujeron diputados, como Rodrigo García Escalante y Basilio Picazo, que estos espectáculos generan empleos, aunque debieron decir qué otros ramos económicos lícitos han impulsado para crear empleos. Ningunos, por supuesto, por eso el Estado se encuentra en o al borde de la recesión.