Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz 
25 de julio de 2017

Las Reinis le hicieron fama a Duarte de ser un semental; todo para obtener poder y dinero

La revelación sobre el departamento y la Land Rover que Javier Duarte regaló a la “viuda alegre” Xóchitl Tress, es evidencia de que lo que andaban diciendo las Reinis era verdad, ellas se acostaban con Duarte para obtener beneficios políticos y monetarios. Para estas mujeres, que en poco disputarán ser candidatas del PRI o del verde para una diputación, decir que tenían sus queveres con Duarte era una forma de obtener cosas. Ellas mismas se encargaban de correr el rumor de que se empiernaban con el gobernador para que así, al llegar a alguna dependencia a pedir algo, los secretarios o directores les otorgaban lo que pidieran sólo porque la señorita era la amante del preciso. Eso funcionó a muchas, que se empoderaron de tal manera que hasta aspiraban a ser presidentas de la República. Ya nos imaginamos el diálogo en una “güerita” y el gobernador: “¿Verdad gordito que me vas a hacer diputada y después senadora?”/ “Sí mi güerita chula, y hasta presidenta de la República si quieres”. Claro, todo esto es ficticio, porque Duarte no tenía pinta de ser un gran semental.

No tardan en emerger de las cloacas de la política las Reinis

El duartazgo fue la época en la que se empoderaron las Reinis, definido como un grupo de mujeres dedicadas a la política y que obtuvieron gran relevancia gracias al intercambio carnal. Las hubo regidoras, directoras de área, subsecretarias, diputadas, presidentas del Congreso, delegadas de alguna dependencia federal y hasta dirigentes sindicales. Solían reunirse en el restaurante “Del tingo al tango” en donde las esperaba la comandanta Bertha Hernández, quien tenía a algunas en nómina en la CNC. En su momento uno de los que mejor definió a este grupo de damas dedicada a la política fue el periodista Édgar Hernández: “Esas son ni más ni menos, señoras y señores, las “Reinis” y su filial “Las Barbies”, las que llegaron para quedarse. A las que puede uno encontrar, si dispones de un buen billete para pagar opípara comida, en los restaurantes que frecuentan los políticos. Ahí se dejan ver. Es ahí desde donde lanzan miradas llenas de lascivia a secretarios y secretarias de despacho, diputados y diputadas y ya cuando no encuentran a nadie de estatura política se van sobre directores o hasta son capaces de entrarle con encargados de despacho”. Seguro es que estás damas se aficionaron al poder como el dipsómano al alcohol, de modo que en cualquier momento volverán a emerger. ¿Dónde andan estas féminas?

Que a Duarte sólo se le podrían comprobar 38 millones robados; ¿eso es poquito para ellos, ladrones de enorme monta?

Ya lo dijimos en este portal, a los abogados defensores les pagan para decir que su cliente es inocente, si dijeran lo contrario no serían abogados defensores. Pero hasta para hablar de la inocencia de su cliente, los abogados deberían tener cierto pundonor. Lo decimos por la forma liberal con la que se refiere, Marco Antonio del Toro, sobre la inocencia de su cliente Javier Duarte. Del Toro, después de la golpiza jurídica que le dieran los fiscales el sábado en la segunda audiencia en la que vincularan a proceso a su cliente, se atreve a decir que las imputaciones en contra de Duarte son muy flacas. El señor abogado, en entrevista con Ciro Gómez Leyva, el santo de las causas imposibles, señala que hay muchas posibilidades de que su cliente salga en libertad. Él dice que no hay manera de probar que Javier Duarte haya ordenado la desviación de recursos públicos hacia manos privadas. Él dice, como si 38 millones fueran pocos, que sólo esos 38 millones podrían ser comprobables. ¡Poca madre! Sabemos que fueron miles, pero qué clase de abogado termina reconociendo que su cliente si robó, pero que robó poquito, pues sólo le pueden comprobar 38 millones. ¿Eso es poquito para ellos, ladrones de enorme monta?

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