ACONTRACORRIENTE   
Por Manuel del Ángel Rocha

A una semana de haber sido presentado el Frente Amplio Democrático, ya está  en la discusión de la opinión pública nacional, además con visos de posicionarse en el ánimo competitivo electoral. No será fácil al PRD salir ileso de este lance.  Ya existen declaraciones de miembros de las diferentes expresiones que rechazan por “antinatural” la posible alianza PAN-PRD. Igualmente, al interior del PAN la discusión está en su ebullición.

La convocatoria para que se sumen intelectuales, empresarios, artistas, científicos, personajes públicos de limpia trayectoria, así como organizaciones, sindicatos, universidades, está abierta. De manera paralela las acotaciones van en el sentido de quien será el candidato a la presidencia el próximo año. Los mismos argumentos de toda la vida. Quien es primero el “huevo o la gallina”. Aunque la lectura se inscribe en la historia política de México y América Latina, de desear que sea un caudillo el que la encabece, sin voltear al pueblo que está deseoso de un cambio profundo que beneficie sus vidas.

Es por demás insulso aportar datos duros sobre la penuria que millones de mexicanos padecen, y que se incrementan día a día, mientras que por la otra, el número de potentados que concentran la riqueza en unas cuantas manos, apenas son un puñado. El responsable; un desigual modelo de desarrollo económico, que  agotado (quienes le  apuestan), persisten en que es la única opción para hacer caminar el país, cuando los resultados  desastrosos están a la vista, que de la mano del sistema político, han lacerado la seguridad social, amén de incrementar la diferencia, la  incertidumbre e inseguridad. Los partidos que  han gobernado los últimos 35 años, no solo no han sido capaces de enderezar el timón de la máquina llamada México,  sino no que no han tenido el temple para reconocer que le han fallado a los mexicanos, no así a sus intereses y compromisos de grupo. El clan que llegó para gobernar, lo hizo de la mano del naciente neoliberalismo,  modelo que fue  abrazado desde la comodidad del diván del mercado (EEUU). Estados Unidos   lo sugirió  a fuerza, so pena de no firmar el Tratado de Libre Comercio, además de condicionar a México, a ejercer el bipartidismo (PRI-PAN),   y abandonar el sistema de partido único, que se vivió hasta el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, como dueño señero  del sistema electoral, así como de las filiales clientelares y corporativas (CNOP, CTM, CNC), etc. El caso emblemático, evidente,  fue quitarle en Guanajuato la gubernatura al priista  Ramón Aguirre Velázquez, y otorgársela  al panista Carlos Medina Plascencia,  para dar fe  de indudable  cumplimiento a los acuerdos hechos con el gobierno estadunidense, pero además, también para re confirmarlo,  fue  llevar a la sala de  remates a  casi  500 empresas paraestatales, muchas de ellas trabajando con números negros (aquí se conforma el nuevo grupo que controla actualmente la vida económica y política del país), porque así lo exigía la lógica del nuevo modelo: solo un Estado normativo, no un Estado propietario, “obeso”.

Bajo esta lógica, el aparato de Estado sigue  manejado por una minoría, que controla el sistema político y  aplica la política económica, perseverante en los últimos tres lustros, no sin enfrentar conflictos, entre ellos el político-electoral, que en la medida de sus  posibilidades, también los han resuelto en la mesa, cooptando o dándole  la espalda a sus antagonistas.

En estos lustros también la izquierda se ha ido acomodando a posiciones cercanas o lejanas del poder,  de acuerdo a circunstancias que se ha forjado de manera premeditada, o  por cierta  lealtad a sus principios.  La polémica  desatada con  la creación  del Frente Amplio Democrático, convocando a una gran alianza política-electoral, donde estén incluidos el PRD y el PAN,   que la mayoría de las expresiones  se han pronunciado a favor de ella, como Izquierda Social, siempre y cuando sea Miguel Ángel Mancera  el candidato a la presidencia.

Por su parte Andrés Manuel López Obrador, el líder y casi candidato de MORENA, ha señalado  que tal propuesta es una “promiscuidad política”  del PAN-PRD, en virtud de la distancia en los  orígenes de cada partido. En este punto es pertinente hacer la precisión que AMLO viene de la cuna  del PRI, y muchas de sus banderas no son de izquierda, sino del nacionalismo revolucionario que fue abandonado por el tricolor, al abrazar la causa del neoliberalismo. Vamos,  AMLO no ha asumido posiciones de una izquierda moderna, tampoco anticapitalista. No ha aceptado  las causas de las minorías con  preferencia sexual diferente, como propias, políticamente, como tampoco ha dicho si afectara o no al capital monopolista. Acaso ha declarado que solo le quitaría un poco los picos  al capitalismo neoliberal.

A una semana de haberse creado el FAD, ya está calando en el ambiente político. El debate se ha incorporado a la opinión pública, al grado que el PANAL y el PVEM, aliados históricos del PRI, no descalificaron la propuesta,  por el contrario, dijeron que la analizarían con detenimiento.  Con miras a la elección presidencial del 2018, la propuesta del PRD, con el FAD como aglutinador, puede ser que esté dando el plus para que este país y su pueblo recuperen un poco de lo que  la desigualdad  les ha arrebatado, pero también para rehacer  el entramado político que necesitan las fuerzas progresistas, y enterrar al viejo autoritarismo que gran daño ha hecho a México.