En el PRI preparan su XXII Asamblea Nacional para agosto y como siempre que hay crisis en ese partido se organizan grupos de toda naturaleza para exigir cambios “sustanciales” en el método de elegir candidatos a cargos de elección popular y sus dirigencias partidistas. Son “corrientes” integradas por cinco o seis políticos de la cúpula, los más han bailado bastante, su característica es la ausencia de base militante. En realidad, todo se reduce a arrebatarle a Peña Nieto la jefatura máxima del PRI y por ende su calidad de gran elector pues, dicen, se inclina por Meade para candidato presidencial y no por un político; en ese detalle radica el meollo de la protesta, de la cual siguiendo el hilo conductor se encontrará la mano que mueve esa cuna. Pero habrán de operar con maestría para evitar una grave ruptura interna que les provoque un hoyo mayor que el afamado socavón.