A un año de la elección por la que elegiremos presidente de la república e integrantes del Poder Legislativo federal las dirigencias partidistas velan estrategias; lo hacen en río revuelto y plenos de confusión: en el PAN corren el riesgo de una inminente división porque no están en concierto amistoso quienes pretenden la candidatura presidencial; en el PRD, son evidentes los desacuerdos sobre el camino a seguir, o hacen alianza con el PAN o forman un Frente de Izquierda al margen de Morena, pero cualquiera que sea la decisión acarreará un cisma que debilitará aún más al perredismo; en el PRI, la debilidad política del presidente Peña Nieto permite movimientos de inconformidad que podrían sembrar serias divergencias para trastornar su competitividad; como Morena depende de la decisión de un solo hombre si este se equivoca una vez más quedará a la vera del camino y de no ganar la presidencia podría estallar en fracciones tipo PRD.