Por cada ocasión en que se “descubre” una toma para succionar gasolina o diésel de los ductos de Pemex se deduce inmediatamente la necesaria complicidad entre los llamados “huachicoleros” y las autoridades locales, ya por omisión ya por comisión. Sucedió entre Tierra Blanca y Omealca: ¿Cómo no suponerlo cuando en un tramo de solo 200 metros se descubren 13 tomas “clandestinas”? Si desde el gobierno federal, pasando por Pemex, los gobiernos estatales y municipales se jalara el hilo de esa madeja pronto acabarían con el problema; al menos así lo piensan en las comunidades en donde se produce ese fenomenal robo en despoblado y conocen a quienes lo ejecutan, no así las autoridades, claro.