Después de la primera presentación de Duarte de Ochoa ante el juez en el reclusorio norte, los abogados de su defensa festinaron las supuestas ineficiencias de los representantes de la PGR, y a continuación los medios se encargaron de magnificar las aparentes fallas interpretándolas como un método de ayuda al acusado; pero la sesión del sábado fue el marco en donde sobrevino la avalancha de acusaciones contra el ex gobernador veracruzano, en número tal que la defensa se mostró abrumada. Ya no queda tiempo para el festín mediático, ahora el despacho de abogados defensores deberá desquitar sus caras cotizaciones para buscar la manera de reducir el impacto de las pruebas en contra de su defendido. Si bien jurídicamente “aún no se ha definido la culpabilidad”, dura es su tarea, porque Duarte de Ochoa es culpable de lo que se le acusa y de lo que se vaya acumulando.