Después de la aventurada participación de la selección de futbol mexicana en la Copa Confederaciones, en cuyo reciente torneo quedó en cuarto lugar de cuatro finalistas, queda la sensación de haber participado en una elección política. Se explica: los comentaristas que de esto saben analizan jugadas, a jugadores, equipos, los antecedentes, las estadísticas, y en el caso de la selección mexicana la suponían competitiva y hasta candidata a ganar el torneo. Una vez traducidos a los hechos esos análisis se descubre, una vez más, que en futbol estamos lejos de competir con solvencia a escala mundial, los culpables son el entrenador y los directivos; pero no reconocen haber inflado una selección que compite solo en su zona. Sin embargo, sus análisis alcanzan para mantener durante 15 días un gran equipo de “comentaristas” en países del primer mundo, ahora y cada vez que la selección de futbol participa fuera del país, a la que deben poner en la estratosfera de lo mejor, de otra manera no vende. Mucho circo, poco pan.