Las encuestas como herramienta de información política han dejado mucho que desear a partir de su uso pervertido por el interés de desinformar con todo conocimiento de causa. En sí, la consulta pública manejada de manera honesta orienta, sirve para diseñar estrategias políticas, pero en México se ha prostituido el manejo de las cifras por cuyo procedimiento se obtiene, tal es la razón de su disminuido crédito. Por tal motivo, cuando Reforma informa que Morena alcanza la simpatía del 28% de los electores y el PAN cuenta con un 23%, por mucho que coincida con la realidad no logra convencer de un resultado electoral similar o en congruencia. Sin embargo, debemos admitir su manifiesta utilidad, en tanto que la diferencia radica en variables tales como la estructura partidista, la movilización de los activos, el acomodamiento de los factores de poder, etc., pues son elementos capaces de modificar los pronósticos más certeros.