Apenas concluido el reciente proceso electoral municipal y visto los desastrosos resultados obtenidos, surgió al interior del PRI veracruzano un movimiento de protesta encabezado por destacados militantes de ese partido, cada cual con historia propia, gente de experiencia política que, sin embargo, enfrentan serias dificultades para conseguir sus propósitos: primero porque son septuagenarios, calidad que no resta autoridad a su movimiento pero sí a la capacidad de movilización requerida para obtener resultados exitosos; la segunda y más determinante, porque entre ellos y la base militante de su partido, se interpone una generación de gente deformada por Fidel Herrera, la del patrimonialismo político, añadidos los agregados de Duarte, formando una barrera que les dificulta la interlocución con los jóvenes de la base partidista. La tarea no es imposible, siempre que la Directiva camine en sintonía con las propuestas formuladas por esa Corriente partidista cuya experiencia acumulada debe aprovecharse para renovar al PRI, cuya competitividad luce mermada frente a adversarios de Derecha e Izquierda dispuestos a propinarle el Jaque Mate.