Ya no debe quedar duda alguna del enorme manto de impunidad y corrupción bajo el cual actuaron quienes sirvieron a Fidel Herrera y a Duarte durante el largo periodo de doce años empoderados del Poder político en Veracruz; enriquecidos en un corto lapso de tiempo estos “políticos” pasaron de una penosa condición económica a “ricos” en grado sumo, tienen dinero sin duda, ese que ha servido para adornar salas, comedores, pasillos, cocheras de sus enormes casas, el mismo que pudo haber servido para salvar vidas en hospitales y carreteras, o mejorar el campo, o generar empleos, pero no fue posible porque lo “desviaron”, sin eufemismos, lo robaron. Las consecuencias son obvias: la multiplicación de amparos para no pisar la cárcel es muestra manifiesta de aquellas tropelías. Muchos más siguen a la sombra del anonimato, pero aún allí les debiera alcanzar el dedo flamígero de una sociedad indignada.