El alcalde xalapeño explicó que la obra de “remodelación” de la calle Enríquez favorecería a los comerciantes del centro, mejoraría la infraestructura hidráulica y de drenaje en el subsuelo, poco aventuró para asegurar que se agilizaría la vialidad, uno de los problemas estructurales de la capital veracruzana que ni de lejos intentó resolver. Para justificar esta obra se inventó una encuesta, según la cual la opinión publica era favorable a su realización; un cuento que a nadie engañó, y bien haría el alcalde en escoger para Xalapa entre lo bello y lo útil porque desafortunadamente ambas no caben en el centro citadino, no en las actuales condiciones, porque generará un tremendo caos vehicular peor al que ya existía. Es obra de ornato y en nada abonará a la calidad de vida del capitalino.