Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz
18 de julio de 2017

A su paso por las avenidas de la Ciudad de México, en su recorrido del aeropuerto al Reclusorio Norte, hubo personas, habitantes de la capital del país, que al enterarse que en el convoy viajaba Javier Duarte, salieron a mentarle la madre ya sea de manera verbal, con señales del brazo, pero sobre todo con silbidos. El repudio al exgobernador de Veracruz, emblema de la corrupción en México es generalizado; no sólo los veracruzanos lo detestamos. El gobierno federal no puede cerrar los ojos a ese repudio; el gobierno federal debe entender que, si por maniobras escabrosas o legaloides Javier Duarte llegara a quedar libre, entonces todo México se lo reclamará al ya de por sí defenestrado Enrique Peña Nieto. Duarte debe de ser la piedra de toque de esta administración en contra de la corrupción. En adelante los gobernadores de los estados deberán pensar dos veces antes de tomar dinero del erario público, porque podrían correr la misma suerte que Javier Duarte; Duarte debería ser un ejemplo amonestador de justicia, más que un ejemplo de la impunidad que impera en este sistema.

Hacemos mal en prestar oídos a los dichos del abogado defensor de Duarte
A Carlos Velázquez, abogado defensor de Javier Duarte de Ochoa, le pagan muy bien por decir lo que tiene que decir sobre su cliente. Carlos Velazquez ya dijo que los argumentos de las fiscalías, tanto federal como estatal, son bastante flojos, de modo que los expedientes que le han entregado sólo denotan la inocencia de su cliente. Carlos Velazquez dice que por eso Duarte llega con la cara lampiña, sin barba, porque trae la cara limpia, llena de inocencia. A la pregunta expresa de si él cree en la inocencia de su cliente, el abogado Velázquez titubeó, pero dijo que los expedientes que le han entregado así lo demuestran, que su cliente es inocente. Escuchar todo esto de alguien, aunque sea el abogado defensor, pone los pelos de punta a muchos veracruzanos que sufrimos los crímenes de Javier Duarte. Pero lo mismo dice Carlos Velázquez de Elba Esther Gordillo, su clienta, también de ella pregona su inocencia. Por cierto, este mismo abogado se ocupó de la defensa de las hijas de un presunto narcotraficante guatemalteco, y seguro de ese narcotraficante también pregonaba su inocencia. No espere usted que el señor diga verdades de su cliente, entonces no recibiría su pago esa semana.

Otra vez contra la UPAV; casualmente en tiempos de inscripciones
No es casual que, en esta época, cuando los jóvenes tienen que decidir a que universidad inscribirse, los ataques en contra de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz arrecien. Es claro que la UPAV ha afectado los intereses de muchas personas, de algunos dueños de universidades particulares que fincan su crecimiento en denostar a la competencia en lugar de mejorar su calidad. La nueva administración de la UPAV ha afectado también intereses de aquellos que escudándose como directores de carrera o en la figura de asesores solidarios, veían a los alumnos como clientes cautivos a los que les podían cobrar cuotas excesivas de mantenimiento o pagos excesivos en exámenes extraordinarios. La reingeniería que se ha llevado a cabo en la UPAV ha buscado desterrar estas prácticas que dañan la economía de los estudiantes y que olvidan que lo más importante es dar una educación de calidad. La UPAV nunca será un elefante blanco porque su actividad no cesa. Hay miles de alumnos en todo el estado de Veracruz que siguen cursando normalmente su preparatoria, su licenciatura y posgrados. Es cierto que la cantidad de alumnos no es la misma que hace unos meses, porque lo que se procura ahora en la UPAV es la calidad, no la cantidad. Las críticas sin pruebas buscan crear un entorno de desconfianza en los posibles alumnos de la UPAV, pero por sus frutos los conocerán, la UPAV sigue siendo una opción real y accesible para los jóvenes que buscan cursar sus estudios de enseñanza media y enseñanza superior.

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