Si alguna duda quedara acerca de la vocación patrimonialista en el ejercicio del poder de Duarte de Ochoa y compañía, para confirmarlo bastan esos 12.7 millones de pesos que recibió en 2015 el equipo de béisbol Águila de Veracruz por parte del gobierno estatal. Ese recurso provino de una partida presupuestal que privilegiaba al deporte profesional y, como ya se vio, relegó apoyos y becas a deportistas del ramo amateur. Esas canonjías con dinero de los veracruzanos estuvieron direccionadas al círculo de amistades de Duarte de Ochoa, autorizadas por diputados serviles a quienes no importaba el reclamo social por el desabasto de medicinas en hospitales públicos, ni quejas por las pésimas carreteras, porque a su vez también les alcanzaba la “generosidad” del “señor”.