México no es un país pobre, lo que no obsta para reconocer que está poblado por una inmensidad de pobres; esta es una nación asentada en un territorio inmensamente rico al que el cáncer de la corrupción ha corroído sus raíces. Porque más de la mitad de lo presupuestado se queda en manos de políticos corruptos, no tenemos infraestructura carretera de primer mundo, hospitales y servicio médico de seguridad social como los mejores del mundo, educación superior para todos, producción agropecuaria para la exportación, gasolina a precios accesibles, obreros mejor pagados, campesinos con acceso a la educación y servicios de salud. No es tan simple, pero reduciendo los índices de corrupción en la administración pública mejoraremos nuestro país. Ni duda cabe.