Aunque el mundo de los sentidos no es muy confiable, de cualquier manera la realidad objetiva resulta más fácil de comprobar como cierta que la culpabilidad en asuntos jurídicos, pues en procesos jurídicos los vericuetos de la normatividad vigente han servido para librar al más culpable de los delincuentes. Es como el caso de Duarte de Ochoa, a quien el pueblo de Veracruz ya ha condenado pues sus fechorías fueron realizadas a cielo abierto, sin embargo, habrán de transcurrir varios meses para que sepamos a cuantos años lo condenarán en reclusión; aunque bastará un pequeño desliz de la parte acusadora para que le reduzcan los años a que tiene “derecho” a vivir encarcelado. Para Veracruz y para México Duarte es un malhechor porque los hechos lo condenan, pero el compás el tiempo de la razón jurídica marcha a otro ritmo.