La corrupción en México es un lugar común, el pan de todos los días porque cotidianamente nos enteramos de casos nuevos, es decir, los estudios de caso encontrarán veta inextinguible; otorgan, además oportunidad para comparar el costo de obra pública, sus características, tiempo de construcción, etc. Por ejemplo, el presupuesto inicial para construir un tramo de 14.5 kilómetros de autopista en el llamado Paso Express fue de 1,045 millones de pesos pero al final costó 2,213 millones, más del doble. Originalmente, la terminación de esa obra se fijó en 18 meses, pero se alargó a 26. En cuasi paralelo, la obra del Túnel Sumergido, consistente en poco más de un kilómetro, se presupuestó en 1 millón 700 mil pesos y se concluiría en tres años; sin embargo tardó más de diez años y se gastaron más de 5 mil millones de pesos. Con ese gasto debería ser libre el tránsito a través del túnel, sin embargo, algún genio de los negocios introdujo la figura de la concesión por la que se pagará peaje a una empresa particular por lo menos durante los próximos 40 años. ¡Corrupción, divino tesoro!