Astrolabio Político

Por: Luis Ramírez Baqueiro

“Hace falta más valor para sufrir que para morir.” – Napoleón.

A 145 años de la muerte del padre de las instituciones de la República, que falta nos haces… Benito Juárez García.

¿Qué sería de nuestro bendito y amado México? ¡Si Juárez, no hubiera muerto!

Todavía se escucha por ahí un danzón de dudosa autoría. Para muchos lo compuso un cubano, para otros es obra del chiapaneco Esteban Alfonso. Pero su letra es elocuente: “Juárez no debió de morir, ¡ay!, de morir/Porque si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría”.

Misma que su letra añade: “Porque si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría/ ¡Otro gallo cantaría!/ la Patria se salvaría/México sería feliz/¡ay!, muy feliz!”.

Pero para desgracia de los mortales, Juárez dejó el plano terreno para adentrarse en ese otro espacio de tiempo en donde solo las mentes y seres extraordinarios perduran, en donde sus obras trascienden y solo nos queda estudiarles para adentrarnos en ellas y en sus esencias.

Si Juárez no hubiera muerto, seguramente, Enrique Peña Nieto no sería presidente, mucho menos el pueblo de Veracruz, estaría sumido en la peor de las crisis financieras de las que se tuviera memoria.

Si el legado de Juárez, no ha servido para recordarnos que antes que anteponer los beneficios personales, se anteponen en el servicio público los beneficios de la patria, simplemente seguimos ciegos, invidentes en ese laberinto en el que nos hemos asumido como consecuencia de la misma naturaleza humana, la ambición obnubila, trastorna, enferma.

Esa misma negación, a aceptar que el destino que los llama a servir a su país, es la causa misma de esta crisis, en donde los valores se perdieron, donde dejaron de existir, donde nada importó más que llenar las alforjas, donde el acumular riqueza es el único incentivo que los mueve.

De esta forma, ¡si Juárez no hubiera muerto! Otro son nos cantaría, y por supuesto el país lo agradecería, a lo mismo que su pueblo.

Pero como Juárez si se ha muerto, y en esta inmundicia de país nos dejó, llegó la hora de despertar, de reencontrarse con la verdad, rogando al divino, no dejar salir de la más morra al predador.

Ese que sin empacho, ni vergüenza pretende salirse con la suya. Y no, porque si Juárez viera, lo mandaba de corneta al frente del pelotón.

¿Quiénes del gobierno del estado tuvieron a bien realizar un tan deslucido evento para tan memorable hombre?

¡Porque Juárez, nunca a muerto!

Al tiempo.

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