Aunque en su caso tiene fundadas razones para albergar un resentimiento personal contra el ex fiscal general del Estado, Luis Ángel Bravo Contreras, la advertencia de María Josefina Gamboa de que éste tendrá que dejar su sonrisa burlona debido a la seriedad de los procedimientos que deberá enfrentar, está más que justificada.

No únicamente en el caso de la hoy diputada se excedió Ángel Luis durante su función al frente de la Fiscalía, sino en muchos casos en que por acción u omisión desestimó la alta encomienda que le fue conferida y actuó de forma indolente, cómplice, insensible y en todo caso corrupta.

Sí, apoyamos que se borre la sonrisa burlona y suficiente de Ángel Luis, con él las de otros actores políticos terriblemente nefastos en el pasado inmediato y plenamente vigentes aún, gracias a la inconcebible forma de estructuras cómplices del sistema político mexicano.