El desempeñarse en un elevado cargo de responsabilidad pública, ser diputado, gobernador o presidente de la república, no otorga en automático garantía de inteligencia, buena conducta ni mucho menos sentido común, pues quien accede a esas posiciones no pierde la esencia de su condición humana, su status social y cultural, aunque con frecuencia modifica su condición económica de por vida. Por ese almácigo de categorías no extraña el “constructivo” y muy “ilustrativo” enfrentamiento verbal entre los diputados al Congreso local, Bingen Rementería, del PAN, y Tanya Viveros, de MORENA, el primero acudiendo a subterfugios para no explicar su retraso en presentar dictámenes de ley y la segunda espetándole “yo no soy tu mamá para decirte qué hacer”. Pero ese es el rasero medio de nuestros “políticos”, que explica meridianamente por qué estamos como estamos.