Con frecuencia se asegura que en política lo que parece, es, si otorgamos crédito a esa consigna entonces coincidiríamos con el diagnóstico difundido por la Arquidiócesis de México, cuyos integrantes conocen muy bien el fondo de esa olla por su estrecha interrelación con las cúpulas del poder. Recuerda la Arquidiócesis que en su campaña Peña Nieto ofreció “acabar” con la corrupción pero “¿De qué sirven las buenas intenciones si seguimos siendo diezmados por la corrupción? El sistema nace sin la voluntad de la clase política. ¿Por qué la clase política se resiste a terminar con la corrupción? ¿Será porque ésta se ha convertido en su motor?”, sustenta este aserto en “resistencias de la clase política” al grado de entrar en vigor el Sistema Nacional Anticorrupción “sin fiscal anticorrupción, sin magistrados para el tribunal, y sin avances en los congresos locales para armonizar sus legislaciones”. Ni más, ni menos.