Política
Mario Raúl Mijares Sánchez[1]
10 de julio de 2017

¡La “sociedad civil” mexicana ha sido privatizada!  Y su honestidad se perdió en la noche de los tiempos.

1.- Es preciso estar al tanto de la historia de este país, para entender por cuáles ciclos políticos, ha pasado y sigue yendo la sociedad mexicana, para recibir la categoría de “sociedad fallida o fracasada”. Asimismo, es absurdo realizar ensayos sobre los diferentes intereses de grupo o clase social, sin estudiar detenidamente los principios políticos que darán luz sobre las distintas clases sociales que conforman ese; todo compuesto de partes, llamado Estado Mexicano, y donde en conjunto de clases se le conoce como la “sociedad mexicana”.

Los analistas de todas las áreas del conocimiento, han examinado en este país, más la conservación del poder, que el comportamiento general de la población. Sin embargo, la oligarquización del país sigue siendo eminente, así lo demuestran las constantes privatizaciones de todo lo público. Además de la esquizofrenia o hipocresía de sus gobernantes, que con entusiasmo neófito sólo han endeudado a la nación. Ellos también la han desnacionalizado, pero no únicamente en sus recursos materiales, sino en el “comportamiento nacionalista” de sus habitantes. Un respeto a la patria que por cierto fue instruido en los gobiernos en turno a inicios del siglo XX, presididos por militares que se formaron dentro de la Revolución.

2.-  Asimismo, por siglos esa “sociedad mexicana” ha sido demasiado religiosa, aun a pesar de los intentos de la separación entre el Estado y la Iglesia. Es real que el Estado Vaticano ha intervenido todo el tiempo e incluso a través de las encíclicas dentro de los templos católicos, en donde los párrocos por tradición enseñan, que; “toda sociedad está conformada por pastores y el rebaño”. Y, por tanto, el mando tanto del gobierno como de los pastores reside en “el principio de autoridad”, sólo ellos, tienen el derecho ineludible para dirigir a todos los integrantes de la sociedad. Efectivamente la multitud lo único que tiene que hacer es dejarse conducir.

3.- La contrariedad es que mientras en los países como Inglaterra, quien por cierto inició esa separación de iglesia-estado a finales del siglo XVI e inicios del XVII, sus autoridades, pueblo e iglesias, comprenden bien el laicismo plural. El cual se refleja en sus instituciones y, comportamiento tanto de lo religiosos como el de sus autoridades gubernamentales.

En México por desgracia ha sido imposible hacer entender tales acciones y mucho menos concebir; -la autonomía de la política- y sobre todo -la ética en la cosa pública-. Es por ello, que la iglesia católica en este país, continúa oscureciendo la vida política, y esto ha sido parte fundamental para -despolitizar al pueblo mexicano-.

Con éstas premisas es difícil situarse en la mentalidad del México posmoderno. Ya que las estructuras políticas y administrativas públicas, desde Salinas de Gortari y, sobre todo, en los gobiernos panistas, -hasta nuestros días-, obedecen a la forma de gobierno oligarca, en la que se tutela únicamente los intereses de la clase adinerada. Por fortuna, aún con las más de 600 reformas a la Carta Magna actual, no se desaparece o niega la invaluable premisa de su carácter republicano.

4.- El súbdito del siglo XIX, está en las mismas condiciones que el ciudadano mexicano de hoy. El poder unipersonal, así como la religión católica, ha llevado a que la formación del “ciudadano” tenga una relación de sumisión y obediencia, que le une con todo tipo de autoridad. Hay quienes han matizado la relación del ciudadano con la autoridad, señalando que, a diferencia del súbdito, el ciudadano es más libre.

John Locke, el artífice del ciudadano moderno, en su Tratado sobre el gobierno civil, pero sobre todo en su Ensayo sobre el entendimiento humano, enmarca la ruptura con el modelo medieval, para plasmar la dialéctica de la “libertad-propiedad”, en ella se basa el Estado Moderno, con sus gobiernos oligarcas. Sin embargo, la sociedad mexicana está en desventaja, y por tanto es una “sociedad fallida”, por carecer de ideas, pero tampoco se concurre a un razonamiento sobre la relación gobernantes-gobernados.

El pueblo mexicano, no le teme a la muerte, juega y se burla de ella. Peor tampoco le teme a la ley, y aparte la corrompe. En doce años o dos sexenios, más de 200 mil mexicanos muertos y desaparecidos 



[1] Se licenció y doctoró en Ciencia Política en la FCPyS, UNAM.