Crónicas urgentes
Por Claudia Constantino
13 de julio de 2017

Llego al centro de Coyoacán como otras tardes, para encontrarme con el escritor Mauricio Molina. Mi admiración por él no le es ajena, pero finge amablemente ignorarla. Eso le da levedad a nuestros encuentros, y riqueza y fluidez a nuestras charlas. He tenido la buenaventura de convertirme, a artes de quién sabe cuál sortilegio, en su interlocutor frecuente.

En el primer encuentro nos pusimos al día, tras conocerlo dos años atrás. Me dijo su preocupación por los cambios en la revista de la UNAM donde ha colaborado muchos años. A la salida de Ignacio Solares y la llegada de Guadalupe Nettel, su permanencia se ve amenazada. Resulta increíble que un escritor de su calidad y trayectoria no se salve de la burocracia cultural. A Jorge Volpi, recién nombrado Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, donde llegó luego de dirigir por varios años el Festival Internacional Cervantino, parece importarle poco contar con Mauricio.

Las primera charla versa sobre los dimes y diretes de la labor de ambos personajes en sus encargos. La historia no es muy diferente a la de cualquier otra posición política de cierto nivel: todo el equipo del que se fue es despedido para contratar al equipo del que llega, sin consideraciones. Trato de animarlo. Le recuerdo que Volpi lo conoce muy bien y que es político, que dudará en correrlo. No me cree.

En nuestro segundo encuentro, está más animado por la publicación, próxima, de su siguiente novela, bajo el sello de Almadía. Me platica que estará entre las novedades destacadas de la editorial en la Feria del Libro de Oaxaca. Pregunto el tema. Advierte que será muy polémica y que disgustará a muchos; que no es apta para conservadores. Se resiste a revelar el nombre y a dar más detalles de la trama. El adelanto que da, asegura es “off the record”; las palabras más odiadas por un periodista. En el tema de su permanencia en la revista de la UNAM, su pronostico es fatal y al abordar el tema se descompone, de modo que trata de evitarlo.

Esta tarde, me encontré con otro Mauricio. El mismo monstruo de escritor, pero en la piel de un hombre más contento con su suerte que obedece a sendos cambios. Me revela, orgulloso de su predicción, que Volpi sí se deshizo de él. Que lo han liquidado en la máxima casa de estudios del país, a la que sirvió dos décadas. Pero no lo hace con amargura, por el contrario, mientras me cuenta todos sus planes y proyectos, en curso y futuros, observo a un hombre libre que cambió el grillete del escritorio por las alas de una libertad que a los escritores les es imprescindible para estar bien.

No salgo del asombro. Pensé por como lo planteaba, que su salida de la revista en la que dejó tantas ideas originales le causaría un gran pesar. De pronto, recuerdo que es escritor y que ellos, todo lo viven apasionadamente. Secretamente me alegro por él, porque la historia tuvo una conveniente conclusión.

De los autores de su despido prefiere no hablar mal, así que nos saltamos el tema. Me recuerda que su nueva novela está por salir, y anuncia que habrá sendas presentaciones por todo el país. Le pregunto por su escuela de escritores. Hace poco más de un año fundó Skribalia y me asegura que “ahí va, bien, con su público”.

Los temas que aborda esta vez son tantos, que cada uno da para una nueva crónica. Sus obsesiones pasan por: el tiempo, las religiones, el erotismo, el cambio de era, la transformación del amor, el eterno retorno. Habla, habla, habla. Ruego no olvidar. No quiero grabar para no ponerle un grillete. A los escritores no se les deben poner grilletes. Dejo que hable libremente, y no para. Escucho, atenta, absorta, admirada.

Tres premios nacionales de literatura, doce libros publicados. Este autor “es un raro”, dicen los que saben, porque no se puede encasillar en ninguna categoría de las tradicionales de la literatura. Completamente fantástico unos días, absolutamente realista otros tantos, erótico y hasta literariamente pornográfico. Sabremos mucho más de su obra y de su capacidad creativa en los años por venir. Las generaciones venideras hablarán de él porque su calidad lo ha vacunado contra el olvido. Leerlo y salir ileso es imposible. Te cambia el sentido del tiempo y uno pasa del tiempo conocido, al “Tiempo lunar”.

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