Los casi cinco meses de andar a salto de mata huyendo de la Interpol le habrán bastado a Javier Duarte y a su esposa Karime Macías para diseñar las estrategias a seguir una vez que fueran atrapados; seguramente programaron un Plan B y hasta uno C, según se presentaran las circunstancias. Por razones que el tiempo develará, aunque son presumibles, hasta ahora ella ha logrado evadir las denuncias a que es acreedora, razón por la que goza de cabal libertad y puede dar el siguiente paso de su cronograma: una vez trasladado a México Javier Duarte proceder a presentar la demanda de divorcio con el propósito de hacerse de la mayor porción del botín que acumularon robando al pueblo veracruzano. Corresponde al gobierno veracruzano evitar que logren su cometido pues cuenta con pruebas suficientes para que esa burla no se concrete, sería un oprobio histórico.