Desde el Café
Por Bernardo Gutiérrez Parra
07 de julio de 2017

Bueno, en realidad nunca fueron unos tórtolos. Nunca manifestaron en público el amor acaramelado del que hicieron gala Chente y Martita; más bien se comportaron como don José y doña Carmen que para la foto se tomaban de la mano y en privado ni se pelaban.

Así fueron los últimos seis años de matrimonio de Javier y Karime.

Cuenta una leyenda muy apegada a la verdad que semanas antes de que Javier Duarte fuera destapado como candidato del PRI a la gubernatura de Veracruz, andaba que se trepaba a las paredes por una joven muy guapa. Y llegó a tanto su desvarío que pensó divorciarse de Karime Macías para casarse de inmediato con la joven.

Pero el idilio se vino abajo cuando amigos cercanos le hicieron ver la “tontería política” que cometería. Se vería muy mal que anduviera buscando votos mientras promovía su divorcio. La ciudadanía no confiaría en un tipo que se estaba separando de su esposa y la imagen que proyectaría sería pésima. No, ni pensarlo, el divorcio podría convertirse en un escándalo y eso era lo menos que quería el PRI.

Y Javier tuvo que decir adiós a aquel romance.

Hoy, preso en un penal de Guatemala, a punto de ser extraditado a México, abandonado por sus amigos y con su reputación sumida en la más hedionda de las cloacas, se acaba de enterar que la mujer de la que no pudo divorciarse está promoviendo desde París una demanda de divorcio.

La información se dio a conocer en el noticiero del periodista Oscar Mario Beteta, y nomás por pura curiosidad sería interesante saber cuáles son las causales que Karime esgrimirá para divorciarse de tan distinguido caballero.

Puede que diga que Javier ronca una barbaridad o que a ella no le gustan los ladrones y que desconocía las truculentas movidas de su marido. Pero nada de eso es motivo de divorcio.

Al menos en Veracruz las causales (promovidas por la esposa) son cuando el marido comete actos de sevicia o crueldad contra ella, la injuria y maltrata gravemente y se niega a mantener a los hijos de ambos, entre otras.

Javier injurió y maltrató hasta que se cansó a varios de sus achichincles, pero nunca hizo nada parecido con Karime y sus vástagos a los que les dio hasta la saciedad.

Digo, para eso fue que robó con tanto ahínco.

Puede que la mujer alegue incompatibilidad de caracteres lo que es aceptado casi universalmente. Puede que Javier, sabiendo como sabe que su matrimonio jamás volverá a ser lo que fue, acepte sin más firmar los papeles; pero puede que nomás por joder diga que no se divorcia.

Puede incluso que sea alguna argucia legaloide, pero eso se sabrá más adelante.

Lo cierto es que -de acuerdo con uno de los allegados a la pareja- el divorcio es el epílogo de un matrimonio que duró más de lo debido.

Pero para efectos de la tragedia veracruzana, eso es algo que a la raza jarocha le importa una pura y dos con sal. Lo que desean es ver a Karime tras rejas; quieren que se le juzgue y condene por complicidad en el atraco a Veracruz. Divorciada, soltera o vuelta a casar, quieren que pague su responsabilidad en el despojo.

¿Qué pensará Javier sobre su inminente divorcio? Sólo Dios lo sabe.

¿Será que en la soledad de la prisión se acuerde de aquella joven que pudo cambiarle la existencia? Puedes jurar que sí, lector.

Pobre gordo, qué lástima me da. A veces quiero que le echen nomás ochenta años de prisión y no los cien que deseaba para él hace unos meses. Pero si el juez que lleve su causa piensa empujarle ciento cincuenta, por mí que no se detenga.

bernardogup@nullhotmail.com