Por donde se le rasque a Vicente Benítez no le salen las cuentas ni yendo a bailar a Chalma, aunque parece que ya bailó el recurso de los veracruzanos del que hicieron uso gran parte del equipo al servicio de Duarte de Ochoa, quienes viendo lo que su patrón hacía  le dieron vuelo a la hilacha. Lamentablemente no siempre lo accesorio corre la suerte de lo principal porque Vicente Benítez difícilmente puede comprobar, justificar un origen lícito de su abultado patrimonio actual y sin embargo no parece haber carpeta de averiguación de su caso. La impunidad es imperativa en la política a la mexicana, así debe entenderse el trato selectivo hacia quienes el dedo social señala como depredadores del presupuesto público pero, como el Jibarito, se van “llenos de contento con su cargamento…”.