Desde el Café

Bernardo Gutiérrez Parra

Cuando Patricio Chirinos dejó la gubernatura, también dejó un buen soporte económico para que su sucesor no sufriera sustos ni sofocones al comienzo de su mandato. Fue el último gobernador que no dejó deuda pública y esto le permitió a la entidad ser un buen sujeto de crédito.
Miguel Alemán dijo que no contrataría deuda sino inversiones. Pero faltándole semanas para dejar la gubernatura ¡sopas! pidió un préstamo a Banobras por 3 mil millones de pesos que nos dejó temblando. Y más cuando Banobras se los prestó de volada.
¿Para qué se ocupó el dinero? Sólo Dios y don Miguel lo saben; es la hora en que no se aclara bien el asunto.
Fidel Herrera tomó la gubernatura con el lastre de 3 mil millones de pesos por pagar. Pero dijo que aunque encontraba un Veracruz con enormes problemas financieros, no lo endeudaría más y saldríamos adelante porque “Veracruz late con fuerza”.
Y cuando se fue vaya que el corazón nos latió con fuerza porque dejó una deuda nunca antes vista de más de 20 mil millones de pesos. Eso sin contar el reguero de muertos y la cantidad de desaparecidos a lo largo y ancho del territorio estatal.
En 2010 llegó el simpatiquísimo y bonachón gordito Javier Duarte de Ochoa que en su discurso de toma de protesta se cuidó mucho de echarle en cara a su jefe, protector y cómplice la bronca de los 20 mil millones.
De la deuda no dijo ni pio. De soluciones “para salir del bache”, la mar de ellas.
Pero en agosto del 2015 cuando las cosas estaban bien caldeadas en todos los frentes, el senador José Yunes Zorrilla por poco provoca un infarto colectivo al soltar una bomba; la deuda veracruzana era de más de 80 mil millones de pesos.
Colérico por la balconeada, Duarte de Ochoa citó a una conferencia de prensa para aclarar que no era para tanto, que nomás se debían 44 mil millones de pesos, lo que no le aligeró el síncope al miocardio a los veracruzanos.
“Estamos analizando con toda la seriedad y la importancia que esto conlleva, reestructurar nuestros pasivos que ascienden a 44 mil millones de pesos para mantener las finanzas públicas sanas”, indicó.
¡Cuarenta y cuatro mil millones, Dios mío santo!
De ese año al 12 de octubre de 2016 la deuda se mantuvo fija en 44 mil millones. ¿La razón? Nadie le volvió a prestar a Javier ni una reata para que se ahorcara. Lo único que crecieron fueron los intereses.
Javier huyó y llegó a la gubernatura el señor Miguel Ángel Yunes Linares, que nos acaba de anunciar que gracias al apoyo del Congreso local se reestructurará la deuda y con eso “se pagarán menos intereses y podremos ir solventando el déficit que tiene el Gobierno del Estado que afecta a todas las áreas”.
Y el remate seguramente jamás lo has escuchado lector: “Quiero recordar algo a lo que me he comprometido; no se va a incrementar la deuda, por el contrario, vamos a pagar menos por esa deuda que nos fue legada por los gobiernos anteriores”.
No se necesita ser economista para saber que una reestructuración es el alargamiento de una deuda, con más intereses, pero pagaderos en cantidades menores.
Por favor señor Gobernador, ya no mienta ni prometa que en ese sentido lleva las de perder y usted lo sabe.
No es malo que un gobierno se endeude si va a construir, educar, mejorar la salud y generar empleos; eso se llama inversión. Lo malo es que los gobernadores se echen ese dinero a la bolsa y se lo lleven a su casa. Eso se llama robo y Veracruz no estaría tan jodido si esos 44 mil u 80 mil millones de pesos no se los hubieran robado.
Cómo quisiera equivocarme, pero cuando Yunes Linares deje la gubernatura estaremos más endeudados que antes. ¿Con cuánto? Eso se sabrá cuando se haga el corte de caja de noviembre del 2018.
En lugar de despertar esperanzas, ya dan miedo estos señores cuando hablan de reestructurar o prometen que no endrogarán más a la ciudadanía. Palabra que sí, ya dan mucho miedo.
bernardogup@nullhotmail.com