Xalapa- 2017-08-0613:19:24- Leticia Rosado / AGENCIA IMAGEN DEL GOLFO

De un infarto fulminante, falleció la mañana de este domingo el subsecretario de Gobierno, Pedro Manterola Sainz, hermano de la presidenta de la mesa directiva del Congreso local, María Elisa Manterola.

De acuerdo a información extraoficial el funcionario estatal se encontraba en su residencia ubicada en la capital del estado, cuando le vino un fuerte dolor en el pecho y nada se pudo hacer para salvarlo.

Entre los cargos que desempeñó se encuentran: Delegado Regional en la Secretaría de Educación, Diputado Federal, Presidente municipal de Martínez de la Torre y se dice que estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

El cuerpo del Subsecretario será trasladado  a Martínez de la Torre, y se espera llegue a las 5 de la tarde a la Funeraria San Francisco, donde se le velará y mañana sus restos serán inhumados.

Activo en las redes sociales en donde le gustaba hacer comentarios sobre todo del corte poético, lo último que posteó a las 12 de la noche de este sábado fue lo siguiente:

Si tuviera que conjeturar las señales, medios y entornos de la aparición de tu fantasma, sería en forma de astro nostálgico y nocturno, un destello que da traza y atmósfera a árboles y sombras, el reflejo sigiloso del universo a mitad de la hojarasca, una gota de rocío que cae sobre mi espalda, desprendida de la Luna a medianoche, el espejo que mira su pasado en la obscuridad de un bosque encantado, el vaso de agua con la huella olvidada de tus labios, cáliz que espera inmóvil tu regreso en la mesita de noche, a un lado de la cama, indiferente al libro, la lámpara y el reloj despertador que lo flanquean, mientras alternan y habitan mis vigilias.

La sed no es propia de fantasmas ni necesidad de ensueños imposibles. El agua que se anega en el ceniciento recipiente de cristal es también el sudor que se perdió bajo estas sábanas, las lágrimas que no retienen mis mejillas, la tristeza que se evapora quedamente.

Tu fantasma es el guardabosques de un desierto, el anticuario de una tienda sin rarezas ni vendimia, la biografía en blanco de una vida que no tiene episodios, almanaques ni efemérides.

La galaxia que impregna la penumbra, la repisa con la huella ambigua de tus dedos, las flores de color indescifrable que se secan en el patio, la Luna que se hunde tras las olas, el primer beso que empezó por ser el último, las llaves perdidas de una puerta con 20 cerraduras. Eso era tu fantasma.

El otoño que se desprende de los árboles, la penumbra convertida en luz, hoja y manantial, la noche que se vuelve el horizonte en el que veo surgir mi rostro, mis pasos, mi memoria.

El túnel de paredes de esmeralda que conduce de la nada hasta al amanecer, el prisma de colores infinitos tallado con la punta de mis dedos, el perro ciego que me conduce al más allá, la reina de un país sin territorio que escribió su historia en mis recuerdos, una mujer de caderas inasibles, venero de savia y ambrosía, bálsamo de caricias y claridad que dan sentido a la existencia, cúmulo de mundos, astros, órbitas, auroras y galaxias que se trazan en su espalda, cosmos, océano y paraíso que se extiende de su cuello hasta la planta de sus pies.

Soy el autor de una obra que empieza y termina con mi nombre, la tinta de un texto que se borra antes de leerlo.

Escribo con la esperanza descarriada de que mis letras naufraguen en tus ojos. Soy el escribano extraviado en la primera letra de tu nombre, el calígrafo de un idioma que no conoce tus iniciales, el pedazo de sol que entibia tu café, mientras te diriges a abrir de par en par esa ventana por la que huye la negrura y despunta al alba el ave fénix de nuestras querencias.