Dentro de una semana el PRI estará celebrando su XXII Asamblea Nacional, no precisamente una más en su ya larga existencia, pues solo su enorme repertorio de vivencias, su comprobada elasticidad para ajustarse a las cambiantes circunstancias podrán revitalizarlo ajustando sus mecanismos internos y quizá logren ponerlo en condiciones de competir con posibilidades en el proceso electoral 2018. No será día de campo enfrentarse al enojo social de los mexicanos afligidos por la pobreza, la corrupción y la inseguridad. Bien lo saben en el otrora invencible, pero habrá que esperar al inventario de los daños después de la Asamblea.