Falta poco para el formal inicio del proceso electoral (inicia en septiembre del presente año y concluirá en julio de 2018), y ya es posible advertir que la modalidad de candidatura independiente no ha tenido el impulso esperado, quizás por la ausencia de actores políticos con el arrastre suficiente para convocar a la ciudadanía mexicana. Esta figura electoral fue víctima de la clase política que a través de la partidocracia le opuso trabas normativas para obstaculizar su desarrollo, el primero fue complicar su participación exigiéndole un descomunal número de firmas solo equiparable para la formación de un partido político; luego le escatimaron recursos para la campaña, nada comparable a las sumas otorgadas a un candidato de partido. Sin embargo, aunque aún no se advierten signos que favorezcan candidaturas independientes, en el futuro inmediato las circunstancias pudieran generarlas.