Miradas de Ida y vuelta

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,

(…).

Miguel Hernández

 

La exploración del fenómeno de ‘la mirada’ parece estar destinada por antonomasia al campo de las artes visuales.

Vastísimas son las exploraciones que desde allí han tenido lugar, pareciendo siempre que no se ha dicho todo lo que podría decirse o quizás, que se trata de un acontecimiento de orden cultural siempre atractivo para los profesionales del campo.

Maite Rodríguez no ha conseguido escapar a la fascinación que dicha temática despierta  y ha decidido explorarla desde la subjetividad que la caracteriza.

Mientras la sociedad de consumo tiende a homogeneizar nuestras maneras de vivir, de relacionarnos y de ‘ver el mundo’, la colección de gafas que la ceramista reúne bajo el título de Mi rojo no es tu rojo, persigue  acentuar la variabilidad de percepciones y entendimientos que a pesar de todo ello siguen diferenciándonos.

Su propuesta busca que el conjunto funcione como detonador de una subsecuente reflexión sobre la tolerancia (según sus palabras), tan necesaria en tiempos atravesados por migraciones, discursos de odio y rechazo a lo diferente.

Cada una de las piezas de la colección de anteojos de cerámica de alta temperatura tiene, sobre las supuestas lentes, diferentes imágenes que la artista fotocopió y  después transfirió en la superficie de arcilla. Las imágenes, que son dibujos suyos o ilustraciones  de distintas fuentes bibliográficas,  nos sugieren que cada anteojo, es decir, cada individuo -singularizado por la forma y el color del armazón-, se distingue de los demás por sus intereses e interpretación de la realidad.

Sin proponérselo, abre la puerta a un discurso sumamente interesante que ocupa a los Estudios Culturales desde hace algún tiempo.

Desde dicha plataforma podemos preguntarnos si el compendio de estampas que aparecen sobre las lentes: ¿son la mirada de quien trae puestas las gafas o es lo que está afuera? Y si ¿tiene sentido pensar que son dos cosas diferentes?

El espectador del proceso y/o de la obra artística sería un tercer elemento a tomar en cuenta pero refiriéndonos en estricto a la acción ejercida entre el portador de las gafas y el exterior: se hace evidente que si es su mirada lo que está sobre las lentes, no es lo que está en sus ojos sino lo que está en su mente, su idea visual, y que si es el exterior lo que está en las lentes, es una interpretación, no la realidad misma.

Siguiendo a Lacan, La ‘mirada’ consiste en el mundo que mira (de vuelta) al sujeto. (1)

Nuestra mirada es antecedida por una comprensión del mundo que ha sido configurada por un juego de espejos.

Los anteojos de Maite Rodríguez son esa amalgama indisoluble entre el interior y el exterior. Son la subjetivación de una realidad que modela al mismo tiempo al sujeto.

Como poéticamente y con maestría lo dijo Miguel Hernández, no nos sería posible tener ojos para mirar sin ‘la mirada’ que el otro ha ejercido sobre nosotros.

(1) Bal, Mieke. Conceptos viajeros en las humanidades. 1er capítulo. Toronto Press.

      Toronto, 2002. p.47

      http://www.estudiosvisuales.net/revista/pdf/num3/bal_concepts.pdf

Aurora Noreña

Octubre, 2016