Por David Quitano

29 de agosto de 2017

El horror y la fatalidad han sido constantes amenazas en todas las épocas

Edgar Allan Poe

Siempre han sido los hombres, los individuos, quienes planean, realizan proyecciones y vislumbran futuros escenarios, de igual forma, son estos quienes conducen la historia de los pueblos, por tanto, la efectividad que reviste la estructura del gobierno depende de sí mismos.

Partiendo del anterior planteamiento, es una perogrullada mencionar que hoy los partidos políticos ostentan una carencia representativa, de tal magnitud que este escenario ha abierto un hueco para que poco a poco, ciudadanos no afiliados puedan ocupar a los institutos políticos como vinculo electoral.

El pensamiento estándar de la población, versa sobre la idea de que no representan a nadie, salvo los intereses de políticos que se encuentran gravitando en un enorme déficit de actitudes y aptitudes para alcanzar las nobles aspiraciones que deben cumplir.

Para tratar de revertir dicha tendencia, y en aras de alimentar la vida democrática, las instituciones que escudriñan oxigenar la escasez de representatividad, delinean la idea de que el fortalecimiento del árbitro de las elecciones es una vertiente por la cual se lograría revertir dicha tendencia.

Es así, que el Instituto Nacional Electoral (INE) solicitará un presupuesto de 25.4 mil millones de pesos para 2018, que será, de acuerdo con el consejero presidente del organismo, Lorenzo Córdova, “el más alto de la historia que el Estado mexicano destinará a financiar la política”( para algunos la madre de todas las batallas).

El INE proyecta gastar 7 mil 696 millones de pesos para los comicios electorales que se celebrarán el próximo año, de acuerdo con el anteproyecto de presupuesto.

Por otra parte, Murayama informó que proyectaron 2 mil 159 millones de pesos, descontando la inflación, adicionales a los que se ejercieron en 2015.

El 52.1% del incremento corresponde a tareas de capacitación y organización electoral; 18.6% a las tecnologías de información implementadas en el proceso electoral; 15.4% a actividades del registro de electores y 12.2% por la fiscalización de partidos y candidatos. De acuerdo con el anteproyecto presentado, el costo de cada voto será de 205 pesos por ciudadano inscrito en la lista nominal.

Buen idea es fortalecer el instituto, no existe precio que valga la democracia. Sin embargo, estas buenas cuentas no brotaran espontáneamente, se debe comenzar a realizar acciones masivas que den al traste sobre planteamientos, como la duplicidad de funciones o esquemas organizacionales que son evidentemente regresivos.

Ante un posible aumento de presupuesto para las elecciones, sumado a los intereses internos y externos sobre la vida política del país, es que me parece imprescindible identificar cuáles son pilares fundamentales para mejorar el entorno.

Siendo este el eje de desarrollo, con el cual se logre ligar y proyectar un mejor escenario, porque de continuar amenizando vaivenes que el actual entorno nos ofrece, se continuará abriendo la brecha de desigualdad y aumentando los dígitos de muertos vinculados a la ausencia de gobernabilidad, lo que a todas luces es inadmisible.

Dicha situación en el mediano plazo- de continuar así- terminará jalando hasta aquellos que hoy se creen exentos de cualquier vinculación, a partir de todos los condicionantes negativos, que echan abajo el buen trabajo macroeconómico que se pueda llegar a realizar.

Aquí está el dique de lo que, puede o no, ser el camino del éxito nacional.