Sin duda, son afortunados los postulados de la democracia como forma de gobierno y de vida, pero en México se han quedado en mera hipótesis, porque a pesar de los miles de millones de pesos gastados para  hemos creado una descomunal burocracia electoral  en las Instituciones creadas para depurar los procesos electorales, pues la obesidad de su nómina con elevados sueldos inhabilita su buen desempeño. En esa maraña se incluyen los partidos políticos, que ni practican la democracia ni se esfuerzan por perfeccionarla. Ahora que la Suprema Corte de Justicia reconoce constitucionalidad a la <Ley Kumamoto>, la del “sin voto no hay dinero” esperamos verla vigente en todo el territorio mexicano, porque de esa manera se reducirá el gasto en partidos políticos y su número será menor.