Es entendible que el actual régimen se vea limitado por la falta de recursos en que dejó al erario estatal la pandilla de truhanes que encabezó el patético Javier Duarte de Ochoa. Lo que no es justificable es que se estén tomando decisiones que asimilan al régimen yunista con el propio desbarajuste duartista y con el no menos grotesco fidelismo.

La represión a un grupo de reporteros del puerto de Veracruz ofrece la medida de la desvergüenza que tiene Miguel Ángel Yunes para sus gobernados, porque si eso sufren aquellos que pueden defenderse y hacer escándalo, imagínese lo que deben estar padeciendo los ciudadanos inermes ante el embate de una policía gorilesca y delincuente.

En su columna Místicos y Terrenales, Marco Antonio Aguirre presenta un excelente trabajo que desenmascara la simulación y falsedad en obras y acciones que se propalan pero no existen.

Rafael Arias alerta sobre el pésimo manejo de la deuda y revela los negociazos en puerta al poner servicios públicos en manos de particulares, bajo los esquemas de participación de Asociaciones Público-Privadas.

Tránsito y Transporte mantiene una intensa operación de sus grúas levantando carros en sitios donde ni siquiera estorban, pero que exhiben marcas puestas por el duartismo para prohibir estacionarse, con propósitos recaudatorios; y patrullas viales y de Seguridad Pública mantienen operativos extorsión en las carreteras estatales esquilmando a los indefensos ciudadanos.

Esas son muestras del gobierno en el que pusimos la esperanza.