“La célula de gobierno más cercana a la realidad”, “el recinto apropiado para la democracia”, “la base democrática del país”, eso y más formaba parte del sueño democrático de quienes ideaban al municipio como el pilar político-administrativo del país. Las circunstancias objetivas de nuestro desarrollo (¿?) político nos demuestran que aquello quedó en romántico sueño porque el municipio en México no ha contribuido al avance democrático pues ha estado subordinado a los dictados de instancias estatales y federales. No obstante, en la estructura organizativa del país el municipio es pieza clave, es la primera instancia de autoridad para acercarle beneficios a la población. Todo es cuestión que los genios de la política devuelvan a la administración pública el espacio que se merece y que quienes gobiernen, a pesar de la democracia, sean los menos peores; y, si no es mucho pedir, que roben, pero poquito.