México ya no es el mismo país que en enero de 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), mismo que vincularía el devenir histórico-económico de manera trilateral entre USA, México y Canadá;  forjando uno de los bloques comerciales más maduros del mundo.

Aunque México tiene una docena de tratados comerciales firmados con hasta 46 países a lo largo y ancho del mundo, la dependencia con USA y Canadá sigue siendo prácticamente total, ya que en el orden del 85% de la exportaciones en conjunto se destinan hacia las naciones del norte, además, hoy el comercio exterior simboliza en el orden del 60% del Producto Interno Bruto (PIB) de México.

Dicha condición no puede pasar desapercibida, al ser de agudas magnitudes por el hecho de simbolizar un prisma bajo el cual se reflejan las tonalidades de crecimiento y expansión productiva, hoy el TLCAN es un instrumento de política económica bajo la acepción comercial que más estimula a la economía mexicana.

En la década pasada, el tema de la apertura comercial fue sumamente diagnosticada y se buscó desarrollar una serie de paneles que evaluaran la eficacia de la política, a fin de observar cuáles habían sido los alcances por si mismos.

Evidentemente el campo fue en algunas regiones del país, el sector en el cual menor convergencia económica existió, sin embargo también es cierto que la pobreza del campo en esas regiones ya existía antes de la puesta en marcha el tratado.

Parece tan eficaz este instrumento, que hasta los mismos detractores en tiempos de Salinas de Gortari, hoy son renuentes a su salida, el simplismo declarativo cada vez más evidencia la necesidad de rigidez técnica en materia económica.

Los datos duros, por si solos trazan sus destino, actualmente la zona de libre cambio abarca a 450 millones de personas residentes en los tres países. El PIB combinado ronda los 21 billones de dólares. Los intercambios comerciales pasaron de cerca de 290.000 millones en 1993 a 1,2 billones en 2016. De ese total, 660.000 millones corresponden a intercambio comerciales con Canadá y 530.000 millones a México. El comercio entre Canadá y México es de 30.000 millones, diez veces más que antes del tratado. Hay 14 millones de empleos que se benefician de la ausencia de barreras comerciales. La inversión directa se triplicó en ese periodo. Las compañías de EE UU inyectaron 425.000 millones en México y Canadá mientras que las empresas de esos dos países introdujeron 240.000 millones en EE UU. Hay 140.000 empresas de pequeño y mediano tamaño que participan en el marco (Informe el País).

Indudablemente dicha inercia no se romperá de un día para otro; con las renegociones referentes al TLCAN, se abre paso a un intercambio de cartas con las cuales se pueda salir abantes, frente al cúmulo declarativo del Presidente Trump.

En donde expresan reiteradamente que necesitan asegurar que los enormes déficit comerciales no continúen y exista un equilibrio y reciprocidad. Es cierto, que por principio mercantilista había que exportar más de lo que se importaba, en aras de tener un saldo a favor.

Hoy, la teoría económica ha sacado a la luz que el hecho de que USA se encuentre deficitario frente a México es normal, ya que por principio de racionalidad en el mercado de divisas cuando el tipo de cambio aumenta ( caso de México) disminuyen las importaciones – y si la relación es aguda como es con el caso de USA- las exportaciones aumentan; esto bajo el entendido de las condiciones de poder de compra.

A lo anterior, hay que añadirle la situación referente a efectos sobre la competitividad en los procesos de producción de los bienes y servicios. Esto, pone en una situación complicada a USA, ya que la añejada relación se dará más allá de ordenamiento jurídico, porque las fuerzas del mercado con profunda sintonía son muy difíciles de separar, es como un magnetismo relativo a la sobrevivencia comercial.

Un incremento en el precio de los productos diferenciados, ya sea por el costo de los aranceles o por la escasez ante las barreras jurídicas, incidiría en un aumento de costos para el consumidor, fraguando una estrechez que podría desencadenar una caída en la fuerza de las condiciones de intercambio.

De esta manera, pese a como se vea, hoy México lleva más cartas para jugar que hace 25 años, mejores negociadores, vocación productiva y relaciones fincadas a lo largo de este tiempo.

Además, la pluralidad que el comercio y los negocios internacionales ofrecen, abre paso a la posible diversificación comercial. La nueva arquitectura económica, incluye cada vez más variables a la ecuación, que busca optimizar y elevar los niveles de competitividad y desarrollo de México.

Tanto que en vísperas del inicio del proceso de renegociación formal, las principales casas de análisis otorgan una probabilidad de fracaso inferior al 20%.

En definitiva, no hay que caer en la versión catastrofista, ni en la de la vanagloria, a fin de hacer realidad aquel augurio de Serra Puche en el cual expresaba que: “El diferencial salarial [con EE UU y Canadá] tenderá a cerrarse con el tiempo”.

Conviene subrayar que hay que: derrumbar muros, edificar puentes en todos nuestros litorales…