Coatzacoalcos- 2017-08-1418:26:35- Osvaldo Antonio Sotelo/ AGENCIA IMAGEN DEL GOLFO

Como otros cientos de hombres y mujeres, espera Leonardo Herrera Cortés a que alguna compañía los contraté para trabajar en los complejos petroquímicos de Coatzacoalcos.

Este vecino de Villa Allende tiene un mes buscando un trabajo en el complejo Cangrejera y en Agronitrogenados, a dónde se ha encontrado cerca de 200 personas en busca de ser contratados.

“Vas a Pajaritos es lo mismo, también en API, en Iquisa, donde quieras que vas te encuentras gente sin empleo”, afirma este obrero.

Se ha gastado cada semana cerca de 180 pesos para llenar el tanque de su motocicleta, y así poder trasladarse a este lugar que queda a unos tres kilómetros de su casa.

A sus 36 años, relató que le ha tocado trabajar duro, en la obra civil, como albañil y armador de andamios.

En su cabeza ronda todos las necesidades que hay en casa, entre ellas pagar la inscripción en las escuelas de sus hijos, uno a la primaria y otro a la secundaria.

“La mera verdad va sobreviviendo uno con los trabajitos particulares de albañileria, a veces trabajo un día o dos a la semana, ahí me la voy llevando”, dice este trabajador.

Ha pensado también en irse a otro estado de la República Mexicana, como en Quintana Roo, aunque considera que sale lo mismo, pues ganaría solo 2 mil 500 pesos a la semana, y tienen que pagar renta como la comida.

“Ahorita la situación está difícil para todos, esta sufrido, aquí está la cosa crítica, no nada más para los hombres sino también para las mujeres”, refiere este allendense.

Solo espera encontrar un nuevo trabajo para también hacerle algunas reparaciones a su moto, la cual la compro en 3 mil 500 pesos.

Con la esperanza en Dios en encontrar un empleo se retira Leonardo, con miras a regresar hasta dentro de tres días, pues le comento el encargado del sindicato que ese día contratarían a albañiles.

El panorama se ha convertido desolador en la zona industrial, en donde el desempleo también ocasionó que frente al complejo Cangrejera fueran cerrando unos cinco puestos de comida en el que antes los obreros disfrutaban sus comidas y bebidas.

Ahora solo quedan los cimientos de estos locales, en el que solamente se encuentran troncos de madera y mesas desvencijadas, donde sólo sirven para estas personas se reúnen y se sienten unos momentos, en lo que llega un vehículo que los transporte a sus hogares.