Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz
22 de agosto de 2017

No basta con que Alberto Silva se diga inocente para que la Fiscalía del estado de Veracruz desista del desafuero en su contra; no basta que Alberto Silva diga “yo no fui, fue mi antecesor”, para que la Fiscalía deje de investigarlo. Alberto Silva declara ante el ministerio público que la contratación de empresas fantasma no le correspondió a él, que él, como coordinador de Comunicación Social sólo regularizó los pagos a esas empresas. ¿Cómo? Pues consiguiendo facturas que justificaran las cantidades pagadas, facturas de esas empresas fantasma. El bienintencionado Alberto Silva, tan sólo en 2014 regularizó pagos a empresas fantasmas por la simple cantidad de 500 millones de pesos. Por cierto, las empresas a las que regularizó pagos son las mismas empresas fantasma que cobraron facturas en Salud, Educación, Desarrollo Social y DIF Estatal; cabe recordar que en Desarrollo Social él fue también titular en algún momento. Silva pide que la Fiscalía se deje de argüendes con eso del desafuero, pues eso afecta sus derechos humanos. Miren que hacerlo ver como un delincuente, ahora que está recién casado, eso le debe tener muy mortificado en su luna de miel.

¿Ya cenó usted? Javier Duarte no; ¿no se le va a usted el hambre?
Estaba sentado a la mesa comiendo pollo en chiltepín, arroz y ensalada de lechuga con aguacate y de repente me acordé que Javier Duarte está en huelga de hambre; perdón por mi indecente regocijo, pero la comida todavía me supo más rica. ¿Y usted? En el momento que está consumiendo sus alimentos, ya sea en el desayuno, la comida o la cena, ¿piensa en Javier Duarte? El pobrecito exgobernador que se siente preso político y que en este momento lleva la dieta de Winnie Poo, a pura miel, agua y limón. Algunos dicen que la huelga de hambre de Duarte es una mera excusa para ponerse otra vez como varita de nardo, para bajar unos kilos y recuperar la figura que tuvo hace unos meses, cuando sólo consumía esos licuados del doctor Nachón que nos costaban un ojo de la cara, porque los pagaba con nuestros impuestos. Pero la próxima vez que se siente a comer piense que Javier Duarte, el pobrecito, sólo recibe su cucharada de miel, agua y limón; ¿a poco no se le va a usted el hambre?

En realidad, la UV ya no importa, si quieren pongan a Sara Ladrón otra vez; la UV ya no es relevante
La Universidad Veracruzana, como muchas otras instituciones en el estado de Veracruz, ha dejado de ser relevante, pues la UV ya no es un factor importante para la construcción del bienestar de la sociedad veracruzana. Es decir, la UV no es la UNAM ni el Tec. De Monterrey ni la Ibero, donde los empleadores están buscando a los egresados para que enriquezcan su platilla de trabajadores. Si somos fríos y nos dejamos de sentimentalismos institucionales, la UV es un semillero, pero de desempleados, porque lo suyo se detuvo en la enseñanza, y se entretuvo en la voracidad. Voracidad la de Víctor Arredondo, voracidad la de Arias Lovillo y voracidad la de Sara Ladrón, quienes sólo han asumido la rectoría para mantener los privilegios de las camarillas que existen, al tiempo que engordan sus cuentas bancarias, mientras en su estadía se dan vidas de marqueses y dan vida de condes a sus achichincles. Por eso la Universidad Veracruzana en realidad ya no importa, la Junta de Gobierno lo sabe y por ello toma decisiones de manera muy chabacana, sabiendo que el daño que puedan causar es mínimo comparado con el daño histórico que ha sufrido la UV.

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