Una realidad incontrastable en la entidad veracruzana es la inseguridad pública al tope, tanto que la multiplicación de sus células rebasa los antídotos para combatirla, cual inmortal hydra; no se ignora que en los últimos ocho meses se ha capturado a más secuestradores (en Coatzacoalcos, Córdoba, Poza Rica, Xalapa), que los conseguidos durante el periodo de Duarte de Ochoa; sin embargo, el índice de homicidios supera los promedios de antaño, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Tal acontece aún con el auxilio de cuerpos federales de seguridad pública, lo que no es buena señal pues los veracruzanos hemos perdido calidad de vida sin que veamos la luz al otro lado del túnel.