Si es cierto como lo dice la PGR, que las cuentas de Karime Macías, su suegra, sus padres, hermana, cuñado y operadores financieros y cómplices están congeladas, debe haber muchas otras cuentas a nombre de interpósitas personas que le permiten vivir en Europa con sus hijos y quizá otros familiares con los que viajó la última vez que se supo de ella. Porque seguramente no están viviendo allá de forma modesta, habida cuenta del ritmo de lujo desenfrenado al que están acostumbrados.

Tan sólo el aseguramiento proviene de 2016, y fue en este 2017 cuando ocurrió el autoexilio dorado de la ex primera dama junto con sus familiares, para subsistir en una región que es 21 veces más cara que la nuestra. La antigüedad del congelamiento queda revelado en el número de investigación, que es el FED/SEIDF/UEIDFF-VER/0000691/2016 y en el número de oficio girado a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, que es el CGI-II-257/2016.

No es ocioso y mucho menos exagerado demandar que las autoridades ministeriales escurquen aún con mucho mayor rigor la fuente de los gastos de Karime Macías, que pasó de ser la más temible y poderosa jefa de gabinete que haya tenido Veracruz, a una escurridiza y detestable tránsfuga cuya ambición incomensurable la hace, para los veracruzanos, una especie de reo de juicio eterno.