Diego I. Lozano

 

En sus instalaciones en la avenida Murillo Vidal número 261, hoy, en la UPAV, hay una línea telefónica (228 237 3496) para atender esta larga lista de departamentos:

De bachillerato: Certificaciones, Revalidaciones, Servicios Escolares, Becas, Desarrollo; y de Licenciatura: Subdirección, Supervisión, Becas, Control Académico, Control Escolar y Recepción de Documentos.

 Cada día, cientos de llamadas se reciben ahí, al grado de que los propios burócratas de la UPAV advierten: “si tiene que comunicarse a esas áreas, hay que seguir insistiendo, porque esa única línea está bien saturada”.

¿Será esto producto de la casualidad o más bien parte de una estrategia diseñada para echar abajo a la UPAV?

En 1944, la Oficina de Servicios Estratégicos, precursora de la hoy bien conocida Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA por sus siglas en inglés), creó el Manual de Campo de Sabotaje Simple, un cuadernillo que establecía una serie de instrucciones para demoler una organización desde dentro.

Entre otras cosas, se recomienda a los directivos bajar la moral, complacer a los trabajadores ineficientes y otorgarles inmerecidos ascensos.

Pero más allá de eso, dentro del mortífero arsenal se reserva un lugar muy especial para el antiguo y querido teléfono: se instruye a retrasar la recepción de llamadas tanto como sea posible, esforzarse en cortarlas con frecuencia, como “por accidente”, así como a dejar colgado el teléfono, para inutilizar la línea.

La todavía numerosa comunidad universitaria de la UPAV está esparcida por el inmenso territorio de Veracruz; para muchos, una llamada telefónica es la única vía de comunicación a la mano para resolver dudas o procurar obtener alguna respuesta o solución.

El ahogamiento y devastación generados por el mañoso uso de una sola línea de teléfono destinada a numerosas llamadas, dirigidas hacia más de una decena de departamentos estratégicos, se traduce en ruptura de la comunicación, incapacidad para resolver situaciones generadas cada día, atrasos acumulados y, hasta podría suponerse, deliberada y catastrófica ineficiencia.